Era de esos sujetos de mal carácter, de andar a toda hora bravo y que siempre quería imponer a lo macho
Opinión.- Es una historia que cuentan los más viejos del Puerto. Sería a principios del siglo XX ofinales del XIX. Era un sujeto al que llamaban el capitán o el coronel Molina. Uno de esos sujetos que había participado en alguna “revolución” o alzamiento de montoneras contra algún gobierno. Se decía que había peleado y que había matado a más de uno, o por lo menos él se ufanaba de eso. Era de esos sujetos de mal carácter, de andar a toda hora bravo y que siempre quería imponer a lo macho su parecer, que había que apartarse para darle paso, porque de lo contrario golpeaba o amenazaba con darle un tiro a cualquiera que se le atravesara…era de eso que nunca se había encontrado con otro más bravo que él…hasta aquel día.
Ocurrió en alguno de los pueblos cercanos a Puerto Cabello, quizás San Esteban, Borburata o El Cambur. El capitán Molina estaba a las puertas de una pulpería o bodega y al lugar llegó un hombre del campo, de sombrero y alpargatas, acompañado de su perrito (otros dicen que acompañado de su pequeño hijo). Por alguna razón, el capitán se molestó con el perrito (o el niño) y le dio una tremenda patada, que el pobre salió llorando. El campesino, que seguramente también había estado en algún enfrentamiento armado, le reclamó su actitud al capitán, pero éste, soberbio como era su carácter, le respondió al campesino:
-Cállese la boca pendejo, que si me da la gana saco el revólver y le pego un tiro aquí mismo. El otro, sin amilanarse, sacó el machete de un trapo en que lo tenía envuelto debajo del brazo y le respondió al capitán:
- Mas pendejo será usted, Saque el revólver y lo dejo mocho¡ Oyendo esto, Molina sacó de la cintura un viejo 38 de cañón largo, pero antes de que pudiera apuntar el arma al campesino, este blandió el machete y de un certero tajo le arrancó el revólver que fue a dar al suelo dejándole por mano un guiñapo sanguinolento.
Molina, sin todavía salir de la sorpresa gritó:
-Carajo ahora si te voy a matar¡ y se agachó tomando el revólver con la mano izquierda a la vez que el campesino le decía:
-Suelte esa vaina que se la vuelvo a arrancar¡ Pero Molina no hizo caso y trató de accionar el arma, pero como un relámpago el segundo machetazo le arrancó de cuajo la mano izquierda con revólver y todo.
Desconcertado Molina miró al campesino, quien le dijo:
-Pendejo, agarra ahora el revólver con los dientes, para cortarte la cabeza. En eso intervinieron otros presentes, quienes llevaron al pobre capitán, ahora “el mocho Molina” a un lugar donde lo pudieron curar, pero no se le salvaron ninguna de las dos manos.
Inutilizado como quedó, consiguió trabajo como celador del cementerio de Puerto Cabello, donde duro muchos años siendo conocida su historia por los porteños de años atrás.
Luis Heraclio Medina C.