Las herramientas de inteligencia artificial permiten crear fraudes personalizados de forma masiva, barata y accesible, con pérdidas millonarias para consumidores y empresas
Ciencias y Tecnología.- Las estafas digitales mediante "deepfakes" (videos falsos generados por inteligencia artificial) dejaron de ser un fenómeno marginal y pasaron a operar a escala industrial, según un análisis de expertos que documentó cómo contenidos apócrifos —videos, voces e identidades— pueden producirse hoy de forma masiva e ir dirigidos a víctimas concretas mediante herramientas baratas y ampliamente disponibles, reportó este viernes The Guardian.
El informe, elaborado a partir de casos recopilados por la "AI Incident Database" ('Base de datos de incidentes de IA'), registró más de una docena de episodios recientes de "suplantación de identidad con fines de lucro", incluidos falsos videos de periodistas suecos y del presidente de Chipre promoviendo estafas, así como médicos generados por IA recomendando productos fraudulentos.
"No hay barreras"
El impacto económico ya es enorme: solo en el Reino Unido los consumidores habrían perdido 9.400 millones de libras (unos 11.900 millones de dólares) por fraudes en nueve meses hasta noviembre de 2025. Casos extremos incluyen a un directivo financiero en Singapur que transfirió casi medio millón de dólares tras creer que hablaba por videollamada con ejecutivos reales de su empresa.
"El contenido falso ya puede ser producido por prácticamente cualquiera; no hay barreras de entrada", advirtió el investigador Simon Mylius, quien explicó que las estafas y las manipulaciones dirigidas representaron la mayor parte de los incidentes reportados en la base de datos durante 11 de los últimos 12 meses. En la misma línea, Fred Heiding sostuvo que la tecnología es cada vez más barata y realista, y avanza más deprisa de lo que muchos expertos anticipaban.
El fenómeno ya alcanza incluso procesos de contratación laboral: el director ejecutivo de la empresa de ciberseguridad Evoke, Jason Rebholz, relató haber entrevistado a un supuesto ingeniero cuyo rostro y entorno resultaron ser generados por inteligencia artificial. Para los investigadores, el riesgo va mucho más allá del fraude económico y podría erosionar la confianza en elecciones, instituciones y en la información digital en general.