Golmand desafió la idea tradicional que basaba el éxito al coeficiente intelectual, sin considerar que las habilidades emocionales son mucho más determinantes para la felicidad y el éxito
Opinión.- Aquí estoy, como todos los martes, hasta que Dios lo permita.
Hay una historia de mi vida que se llama respeto, y comenzó en mi etapa de estudiante. Debo confesar que, de forma constante, en la universidad pública donde estudie sentía que el sistema no me estaba preparando bien. Recuerdo hoy que así como creía que ciertas áreas no tenían un cuidado mayor (pasillos, aulas y comedores) yo estaba siendo un reflejo de esa realidad, pero en realidad lo que estaba haciendo era comparándome y haciéndolo desde lo que me faltaba, invisiblemente me estaba colocando en desventaja.
Luego, en mi relacionamiento profesional, conocí personas que estudiaron en universidades que yo deseé estudiar, pero en la práctica resultaron no ser más brillantes que yo, incluso algunos trabajaron para mí.
Por mucho tiempo me obsesione por conseguir la causa, luego en la década de los 90 encontré los primeros libros del investigador Daniel Golmand y descubrí que la inteligencia académica poco tiene que ver con las condiciones del entorno, eso es otra condición de conducta social (abordada en esta columna: ahora le toca a la reconstrucción total, ahora le toca a la reconstrucción social). Golmand desafió la idea tradicional que basaba el éxito al coeficiente intelectual, sin considerar que las habilidades emocionales son mucho más determinantes para la felicidad y el éxito.
Hasta allí todo iba bien, pero hace aproximadamente 15 años descubrí en una chata ted alguien llamado Simón Sinek; allí aprendí cómo funciona de verdad el éxito. Esto cambió mi manera de pensar, hizo que mi forma de verlo evolucionara a otro nivel.
Es aquí donde les quiero compartir el patrón con él que piensan, actúa y comunican los líderes mundiales, y este señor lo codificó de la manera más sencilla para entender.
Estoy seguro que cada persona que lee este artículo sabe lo que hace; algunas saben cómo lo hacen (a eso lo llamamos propuestas de valor), pero, muy, muy pocas personas saben contestar ¿por qué lo hacen?, y no me refiero a ganar dinero; estoy hablando de propósitos. ¿Qué son los propósitos? Es tu causa, aquello en lo que crees, porque existes, porque te levantas hoy en la mañana, es porque lo que tú haces le debería importar a alguien.
Las personas comunes lo piensan y hacen de forma equivocada; en otras palabras, saben decir:
¿Qué hago?¿Cómo lo hago?
Pero pocos saben responder ¿Por qué lo hacen?
A partir de este momento te invito a que inviertas estas preguntas, y comiences con: ¿por qué lo haces? Luego ¿cómo lo haces? Y por último ¿qué haces? Solo así comenzarás a experimentar una lluvia de oportunidades que conecten con tu idea, emprendimiento o empresa de manera mucho más sólida.
El creador de Amazon, Jeff Bezzos, en la década de los 90 se propuso construir la empresa más centrada en el cliente del mundo, facilitando un lugar donde encontrar y comprar cualquier producto en línea, hoy Amazon es una de las empresas más grandes del mundo, con más de 1,5 millones de empleados y, evidentemente, posee mucha coherencia entre lo que es hoy y sus propósitos desde su fundación. Esto no quiere decir que no existan cambios del entorno que los haya obligado a innovar, a replantearse los planes o, tal vez, algunas líneas de productos, pero nunca sus propósitos se cambiaron. ¿Sabes por qué? porque fueron elevados.