Patrimonio Cultural de Venezuela: Municipio Simón Rodríguez, estado Anzoátegui
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Patrimonio Cultural de Venezuela: Municipio Simón Rodríguez, estado Anzoátegui

La ciudad creció con pasos firmes, en 1942 sus calles visitaron sus mejores galas para recibir al general Isaías Medina Angarita, el primer presidente de la nación en pisar estas tierras
31 de agosto de 2026
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Simón Rodríguez, estado Anzoátegui y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

Hay ciudades que se levantan sobre la piedra silenciosa del tiempo, y hay otras que, como El Tigre, nacen del empuje febril de la tierra, del estruendo metálico de los taladros y del sueño compartido de quienes convirtieron el matorral en leyenda. En el corazón del Municipio Simón Rodríguez, en el noble estado Anzoátegui, la historia no se lee simplemente: se respira en el crujido de las viejas casonas, se contempla bajo la sombra de los samanes centenarios y se proyecta como un viejo celuloide colectivo en las pantallas doradas de la memoria.


Acercarse a la toponimia de esta tierra es asomarse a un misterio entrañable. Aunque no existen datos irrefutables, la teoría más aceptada nos habla de aquel río Tigre, bautizado en el siglo XVII, que prestó su nombre a la comarca. Aquel primer caserío petrolero que floreció junto a la única oficina de telégrafos, hoy territorio de San José de Guanipa vio nacer, a partir de 1937, el pulso indomable de un nuevo tiempo. Los campos petroleros adoptan el rugido del felino, mientras el poblado original se transformaba en El Tigrito, perpetuando una hermandad que desafía los mapas.

La ciudad creció con pasos firmes, en 1942 sus calles visitaron sus mejores galas para recibir al general Isaías Medina Angarita, el primer presidente de la nación en pisar estas tierras. Desde el balcón del Hotel Caribe, hoy entrañable librería Txiki, el mandatario saludó un desfile apoteósico que recorrió la calle Bolívar, mientras la brisa mecía las esperanzas del pueblo congregado frente a la iglesia Virgen del Valle. Aquella visita dejó escuelas nacientes y el eco de un pacto social forjado al calor del petróleo y la dignidad obrera. Y es que el alma tigrense tiene rostro de gente común convertida en epopeya. ¿Cómo olvidar a doña Concepción Marín, la inolvidable “Chon”, ¿Quién llegada desde su Margarita del alma en 1946 convirtió la protección del prójimo en su trinchera? En La Charneca, su cooperativa era refugio de niños y abrazo para el inválido. A su lado, la arquitectura popular cuenta su propio relato: desde los muros de bahareque de la Bodega La Chaparreña, fundada en 1938 por los esposos Piñón-Báez, hasta la señorial Pensión Manzanares o el vetusto Edificio Yordi, joya pionera en concreto armado.

Pero si algo encendía la imaginación de aquel Tigre pionero, envuelto en el cosmopolitismo de los campos y de zonas de tolerancia como El Mosquero, fueron sus cines. La magia de la gran pantalla llegó para aplacar la nostalgia de los forasteros. Tras los pasos de aquel cine mudo inicial en la calle Carabobo y el recordado Cine Landia de 1935, la ciudad se llenó de marquesinas. En la emblemática calle Bolívar, flanqueada por la histórica Asociación China y el Colegio Divino Maestro, se erigieron el Cine Bolívar y el Cine Ayacucho, este último de elegancia art déco y escenario de las primeras obras teatrales locales. La ruta del celuloide continuó por la calle Girardot, cuyo cine homónimo albergó un balcón de butacas y recibió a luminarias del canto de México y Puerto Rico. A ellos se sumaron el España, el Cristal, el Plaza y el audaz autocinema Guanipa, completando una constelación de salas donde los sueños colectivos iluminaban las noches cálidas del oriente.

Hoy, caminar por El Tigre es tropezar con la poesía de lo cotidiano. Es detenerse en la majestuosidad de la Torre de la Flint, la histórica cabría de perforación convertida en monumento patrimonial o sentir el frescor del samán plantado en 1948 por Simón Herrera en la calle Orinoco. Es contemplar la imponente Iglesia Virgen del Valle, inaugurada en 1954 con sus muros en zigzag, o admirar el templo de San Francisco de Asís en Ciudad Tablita. Es también dejarse abrazar por las casas tradicionales de la calle Nueva Esparta, con sus dinteles ornamentados que delatan el alma margariteña sembrada en el asfalto.

La historia se agiganta en la Plaza España, inaugurada en 1956, y en la Redoma Metropolitana, donde la fuente circular dialoga con el recuerdo del Monumento a la Nacionalidad, obra de Carlos Lolli que resume la epopeya del municipio. En el umbral de la artesanía, la estructura en forma de tinaja de Idefonso López nos recuerda que la cultura aquí se modela con barro y afecto. El Tigre es, en definitivo, el fruto sazonado de una aventura petrolera que nació del pozo OG-1 en el Campo Oficina y del abrazo fértil con Pueblo Ajuro. En una vieja fotografía heredada por la familia Meléndez, el poeta Jesús Subero, el perforador July Mc Spadden y el comerciante Alcibíades Cones nos miran desde el fondo del tiempo, recordándonos que esta ciudad no es solo cemento, sino un latido constante, una película interminable de fe, trabajo y poesía que se proyecta hacia el porvenir. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Simón Rodríguez!
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Danfny Velásquez