El doblete sísmico del 24 de junio del presente año, revivió el terremoto de Cariaco, abriendo nuevamente la herida que dejó en la región oriental, y expone la vulnerabilidad de un país que parece olvidar su naturaleza tectónica.
El recuerdo de la destrucción material coexiste con el duelo por las víctimas fatales del sismo. Entre las más dolorosas se encuentran las de los habitantes del edificio Miramar y la muerte de varios niños junto a sus maestros en la escuela de Cariaco.
Si bien la potencia destructiva del terremoto de Cariaco no se compara al doblete sísmico que sacudió a la capital venezolana y al estado La Guaira el 24 de junio de 2026, la experiencia de los desastres naturales registradas en el país se plantea como una herramienta para fomentar una cultura sísmica en los venezolanos.