Patrimonio Cultural: Venezuela: Grietas en el Alma de Nuestro Patrimonio Cultural
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Patrimonio Cultural: Venezuela: Grietas en el Alma de Nuestro Patrimonio Cultural

No es la primera vez que la tierra nos sacude abriendo portales de nostalgia y retrospectiva histórica
28 de junio de 2026
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré de Venezuela: Grietas en el Alma de Nuestro Patrimonio Cultural, y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

La paradoja de nuestra existencia se hizo sentir con fuerza el pasado 24 de junio con el implacable doblete sísmico, sumado a los embates climáticos que han azotado nuestras costas, nos confronta con la fragilidad de lo material y la inmensidad del dolor humano. Mientras el país se unía en el repique de los tambores para celebrar el Día de San Juan Bautista, una de nuestras mayores expresiones de patrimonio inmaterial, el suelo nos recordó su inestabilidad. En plena manifestación de fe, júbilo y tradición, en el instante exacto en que los devotos cantaban y bailaban, la tierra comenzó a moverse. El clamor popular de la fiesta se transformó en un rezo colectivo de asombro y resguardo. San Juan, que «todo lo tiene», atestiguó cómo el misticismo de nuestro pueblo se cruzaba en un solo segundo con el rugido de la naturaleza.


No es la primera vez que la tierra nos sacude abriendo portales de nostalgia y retrospectiva histórica. El suelo que pisamos guarda las cicatrices de un pasado telúrico y climático que ha moldeado nuestro carácter. Nos viene a la memoria el catastrófico terremoto de 1812 que conmovió los nacimientos de la Primera República, o aquel sismo de Caracas en 1967 que transformó para siempre la fisonomía de la capital. Asimismo, es imposible mirar hoy las costas guaireñas sin evocar el dolor punzante de la vagada de 1999, aquella tragedia que redefinió nuestra relación con la montaña y el mar, demostrando que el patrimonio natural y humano puede alterarse en cuestión de horas. La historia venezolana es un ciclo constante de pérdidas devastadoras, pero también de reconstrucciones heroicas.

En La Guaira, allí donde el mar abraza a la historia, el impacto actual del doble terremoto nos devuelve ecos de aquel 1999. Pensar hoy en Catia La Mar o Caraballeda no es solo evaluar infraestructuras colapsadas; Es llorar la fractura de un tejido social que ha resistido siglos de piratas, tempestades y deslaves. El patrimonio costero guaireño, desde sus viejos muros coloniales hasta las zonas residenciales que albergan los sueños de millas de familias, sufre hoy el peso de la incertidumbre. El Aeropuerto de Maiquetía, nuestra puerta principal al mundo, suspendido en su letargo forzoso, es el reflejo de un país que contiene el aliento pero que sabe cómo levantarse.

Al subir la mirada hacia Caracas, el dolor se diversifica en contrastes urbanos. En la histórica parroquia de San Bernardino, donde la modernidad de mediados del siglo XX se funde con antiguas quintas que resguardan la memoria residencial de la capital, el suelo ha registrado la misma inestabilidad que sacudió los cimientos caraqueños décadas atrás. Más al este, en Chacao y Los Palos Grandes, sectores conocidos por su vibrante vida ciudadana, sus plazas y su arquitectura vanguardista, hoy se observan aceras cubiertas de escombros y miradas perdidas. Vecinos que abandonan sus hogares apresurados, rescatando lo poco que el temblor no pudo arrebatarles. Esos edificios modernos son también contenedores de patrimonio inmaterial: la vecindad, la cotidianidad y el arraigo urbano que desafían el miedo a la réplica.

Y si extendemos la mirada hacia el eje centro-occidental y el litoral, la geografía nos devuelve un eco de profunda preocupación. El impacto se siente con fuerza en todo el Estado Carabobo, donde la vulnerabilidad de sus zonas costeras, portuarias y cascos urbanos compromete el bienestar y el alma de su gente que apenas horas antes de rendir tributo al Santo. Esta onda expansiva de afectación se une a la zona costera del Estado Falcón, con Tucacas a la vanguardia, recordándonos la fragilidad de nuestros ecosistemas y de los pueblos que viven del intercambio con el mar; y se adentra hacia el corazón de San Felipe, donde el verdor y la tranquilidad de sus calles tradicionales se han visto sacudidos, mostrándonos que la emergencia no distingue entre el litoral, los valles y la falda de la montaña, allí donde el eco del tambor sanjuanero se transformó en un silencioso abrazo de solidaridad.

De acuerdo con las comunidades, el patrimonio cultural venezolano ha demostrado, a lo largo de los siglos, una resiliencia a toda prueba. Nos levantamos de las cenizas de 1812, de las ruinas de 1967 y de las heridas profundas de 1999 porque el templo de nuestra gente es inquebrantable. Hoy, la reconstrucción de nuestro patrimonio cultural, comienza sosteniendo la mano del vecino en Chacao, apoyando el rescate en La Guaira, y tendiendo puentes de apoyo y hermandad hacia cada rincón de Carabobo, Falcón, San Felipe, Aragua y otros estados. La memoria no se quiebra donde habita la solidaridad. Nuestra herencia más valiosa e inmortal siempre será la preservación de la vida. ¡Tendamos manos, apoyemos y salvaguardemos la vida, las comunidades y los elementos culturales patrimoniales de nuestra Nación! 
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Danfny Velásquez