Su nombre custodia un eco sagrado; en la lengua de sus antiguos pobladores aborígenes, los Tabayes o Mucunutanes, parcialidad de los Miguríes y de la gran nación Timoto-cuica
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Santos Marquina, estado Mérida y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).
A las faldas de la imponente Sierra Nevada, sobre una meseta aluvial abrazada por el río Chama y surcada por la histórica carretera Trasandina, se erige Tabay, capital del municipio Santos Marquina y antesala mística del páramo merideño. Su nombre custodia un eco sagrado; en la lengua de sus antiguos pobladores aborígenes, los Tabayes o Mucunutanes, parcialidad de los Miguríes y de la gran nación Timoto-cuica, la palabra Tabay significa, poéticamente, la «casa de los espíritus». Este territorio fue vislumbrado por los colonizadores españoles en 1558, cuarenta años después, en 1698, la localidad se erigió como Parroquia bajo la mirada de Fray Nicolás Vásquez de Escamilla, consolidando su templo primigenio. Sin embargo, su fundación oficial de doctrina no llegaría sino hasta 1619, bajo el amparo de San Antonio de Padua, santo y patrono que desde entonces define la devoción de su gente.
La historia de este suelo está labrada con el cincel de la resiliencia, Tabay debió reconstruirse tras el devastador terremoto de 1812, siendo el único poblado cercano a Mérida que reportó pérdidas humanas, y vio su templo principal caer nuevamente en el sismo de 1894 para levantarse con orgullo arquitectónico en 1907. Con el advenimiento del período republicano, la comunidad pasó a ser Parroquia Civil del Cantón de Mérida, nutriéndose demográfica y culturalmente durante los siglos XIX y XX con una notable influencia de inmigrantes españoles que echaron raíces en la localidad. Es, además, cuna del heroísmo, esta tierra vio nacer al capitán José de los Santos Marquina, prócer de la Independencia, contemporáneo del Libertador Simón Bolívar y primer alcalde de la comarca, cuyo legado civil y militar da nombre al municipio. Hoy, Tabay no solo resguarda la memoria de sus piedras y de sus próceres, sino que se ofrece al mundo como el punto de partida idóneo para quienes buscan conquistar a pie, las cumbres sagradas de la Sierra Nevada.
Adentrarse en Tabay es recorrer la Avenida Bolívar, arteria principal que serpentea en ascenso hacia el páramo y que se consagra como un testimonio fehaciente del acontecer histórico y cotidiano de la comunidad. Esta vía, que ostenta el hito de haber sido la primera calle del pueblo con salida hacia las cumbres andinas, custodia en sus márgenes un invaluable tesoro arquitectónico que los tabayenses defienden con fervor. A lo largo de su trazado se concentran el dinamismo y la institucionalidad local, allí se erigen la sede de la Alcaldía, las oficinas de Ipostel y el Instituto Municipal de Cultura. Este último ofrece su acceso a través de un vestigio excepcional, un hermoso muro de tapia que permanece en pie como reliquia de lo que fuera la primera oficina de correos de la localidad. Hoy, entre cafetines, comercios y el rumor de las paradas de transporte público, la avenida sigue respirando la calidez de antaño gracias a las viviendas tradicionales que conservan sus techos de tejas coloniales y sus imponentes portones y ventanas de madera.
Por ello, la preservación de este paisaje urbano se mantiene como una hermosa y compartida aspiración entre los pobladores. Frente a los naturales procesos de modernización y embellecimiento de la villa, la comunidad abraza con entusiasmo la oportunidad de coordinar esfuerzos que garanticen la continuidad de la arquitectura tradicional. Cuidar con celo cada detalle de madera, barro y teja, promoviendo el uso de materiales que armonicen con el entorno histórico, es el camino idóneo para que la Avenida Bolívar siga siendo ese espejo fiel de la identidad tabayense. Salvaguardar esta autenticidad no es solo un homenaje al pasado, sino un valioso legado para el porvenir. Más allá de su fisonomía colonial, el subsuelo de Tabay custodia un secreto monumental: su historia no comenzó en el siglo XVI, sino en las profundidades del 350 antes de Cristo. Investigaciones del Museo Arqueológico de la ULA en yacimientos como la Laguna La Coromoto, El Rincón y Aguas Calientes revelan que estos parajes altos ya eran habitados por comunidades prehispánicas que desafiaban el gélido clima andino en abrigos rocosos temporales, dejando fogones con hollín y rompevientos de piedra como testigos de su tenacidad.
Así, entre la mística precolombina de sus mintoyes, la resistencia de sus piedras y el aroma dulce y eterno de sus moliendas, Tabay se consolida como un lienzo vivo de la venezolanidad. Visitarlo y narrarlo no es solo un viaje por la geografía merideña, sino un acto de profunda gratitud hacia un pueblo que ha sabido resguardar su esencia milenaria para el porvenir. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Santos Marquina, estado Mérida!