A 3.140 metros sobre el nivel del mar, donde el viento helado susurra historias entre la niebla y la temperatura media apenas roza los 9° C, emerge San Rafael de Mucuchíes
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Rangel, estado Mérida y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127, del 14-05-2025).
Caminar por San Rafael de Mucuchíes es contemplar un inventario vivo de la arquitectura tradicional. Las viviendas, dispuestas con orgullo vernáculo, resguardan la intimidad familiar a través de patios centrales, mientras sus paredes de tapia y bahareque sostienen techos de teja cuyos generosos aleros protegen las aceras de la pertinaz llovizna. Ventanas celadas por rejas de madera y portones de hojas dobles, custodiadas por ancestrales argollas metálicas, configuran la estética de un pueblo que se resiste al olvido y resguarda su identidad en cada detalle constructivo.
A 3.140 metros sobre el nivel del mar, donde el viento helado susurra historias entre la niebla y la temperatura media apenas roza los 9° C, emerge San Rafael de Mucuchíes. A escasos 55 kilómetros de la capital merideña, este poblado de fisonomía alargada y sutiles dimensiones parece detener el tiempo. Sus dos calles principales, que se abrazan en los extremos para abrirse en el centro y cobijar la plaza y su templo, configuran un entramado urbano donde la inclinación de sus callesjuelas desafía la gravedad y evoca la tipología habitacional más auténtica de nuestros Andes.
Esta herencia constructiva encuentra su máxima expresión autóctona en el techo de teja criolla, un elemento que trasciende lo meramente útil para convertirse en un sello de identidad visual en todas las comunidades del Municipio Rangel, incluso en los parajes geográficamente más distantes. Desde los tiempos coloniales, la conjunción de las vigas de madera con el barro cocido ha definido el perfil arquitectónico de la región; una tradición que tuvo su auge gracias a antiguos alfareros locales y redes de comunicación interpoblacionales que diseminaron su uso. Hoy, lejos de ser un vestigio del pasado, la teja resalta con orgullo en el paisaje andino, coronando no solo las viviendas particulares, sino también templos, escuelas e instituciones públicas, Recordándonos que la belleza del páramo se sostiene sobre la nobleza de sus materiales ancestrales.
En el umbral mismo del pueblo, como una centinela de fe y estética, la Capilla de la Virgen de Coromoto da la bienvenida al viajero. Esta joya arquitectónica, cincelada enteramente en piedra por las manos prodigiosas del artista y cultor Juan Félix Sánchez, es el preámbulo de un paisaje natural sobrecogedor. San Rafael está bendecido por el fluir del río Chama y custodiado por un rosario de espejos de agua: las lagunas El Potrero, La Verde, Michurao, La Estrella, Saisal y El Hoyo, que dotan a la región de un indudable magnetismo místico y turístico. Asimismo, a siete horas de camino, el Páramo de El Tisure resguarda el complejo religioso y artístico que representa la cumbre creadora de nuestro recordado Juan Félix.
Sin embargo, la imponencia del paisaje andino también dialoga con las cicatrices de la tierra. Entre la quietud del clima frío, palpita la preocupación legítima de sus pobladores ante la erosión de algunos suelos, una alerta ambiental nacida de prácticas agrícolas históricas que hoy convidan a la reflexión ya la acción eco-social. Es este equilibrio entre la fragilidad de su suelo y la fortaleza de su herencia lo que define al corazón de la parroquia San Rafael, la cual, junto a Cacute, La Toma y Mucurubá, integra la rica geografía humana y territorial del Municipio Rangel, cuya capital, Mucuchíes, se ubica muy cerca, compartiendo el mismo frío y la misma dignidad montañesa.
Al descender hacia el corazón político y social de la capital del municipio, la Plaza Bolívar de Mucuchíes se despliega como un cuadrilátero de encuentro colonial donde el piso de cemento y granito conecta ocho jardines triangulares custodiados por pinos. Sin embargo, el alma de este espacio reside en su centro: allí, a los pies del busto del Libertador, descansa la conmovedora escultura del indio Tinjacá y el indomable perro Nevado, inmortalizados junto a una placa que recuerda su fidelidad absoluta hasta rendir la vida en el glorioso Campo de Carabobo. Este arraigo histórico e identitario dialoga sutilmente con la fe popular del páramo en uno de sus jardines, donde emerge la figura de San Isidro Labrador bellamente tallada sobre los restos de un antiguo árbol de eucalipto, convirtiendo a la plaza en un sagrado epicentro de recreación, civismo y profunda devoción comunitaria. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Rangel, estado Mérida!