Esta batalla en la Corte Internacional de Justicia no es solo un tema de abogados, es el grito de 30 millones de venezolanos que no estamos dispuestos a permitir un nuevo despojo
Opinión. - Hoy, en este 2026, nuestra Venezuela vuelve a plantarse con firmeza en La Haya. Vamos a decirle al mundo que el Esequibo es territorio sagrado de nuestra patria. Esta batalla en la Corte Internacional de Justicia no es solo un tema de abogados, es el grito de 30 millones de venezolanos que no estamos dispuestos a permitir un nuevo despojo. Estamos escribiendo una página de dignidad frente a una injusticia que tiene más de un siglo y que hoy, con la verdad en la mano, vamos a revertir.
Nuestra postura es clara. Estar allí no significa que aceptemos que otros decidan por nosotros. Venezuela no reconoce la autoridad de esa corte para arrebatarnos lo nuestro, porque el único camino real sigue siendo el Acuerdo de Ginebra de 1966. Ya basta de que pretendan revivir ese fraude que fue el Laudo de París; somos los hijos de Bolívar y Chávez y llevamos en la sangre a quienes no se rinden ante imperios. Defender el mapa completo es una deuda de honor con nuestros hijos y con el futuro de esta tierra que no conoce la palabra rendición.
Esta lucha no ha sido improvisada; es el resultado del liderazgo firme de nuestro presidente Nicolás Maduro Moros. Él ha sabido conducir la diplomacia bolivariana de paz como un verdadero escudo contra quienes intentan asfixiarnos desde afuera. Gracias a esa visión, hoy el país está unido en una sola causa que va más allá de cualquier diferencia política. El respaldo del Gobierno bolivariano es la garantía de que esa octava estrella seguirá brillando con fuerza en el Esequibo, protegiendo la riqueza que le pertenece a cada familia venezolana.
En esta primera línea de batalla, hay que reconocer la valentía de la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Con una determinación que inspira, ella ha dado la cara ante los escenarios más difíciles del mundo, desmontando una por una las mentiras de quienes quieren robarnos nuestra integridad territorial. Su voz ha sido el eco de un pueblo que no se deja intimidar por presiones externas. Ella representa esa fuerza de la mujer venezolana que defiende lo suyo con argumentos, con pasión y con la verdad por delante, dejando claro que nuestra soberanía no tiene precio ni se negocia con nadie.
Aquí en Carabobo, la tierra donde se forjó nuestra libertad, los carabobeños tenemos el pecho lleno de orgullo patriótico. Para nosotros, el Esequibo no es un pedazo de tierra lejano, es parte de nuestro corazón y de nuestra identidad como nación. Desde nuestro estado, el mensaje es uno solo y retumba con fuerza ¡El Esequibo es nuestro! No vamos a permitir que nadie pase por encima de la voluntad de un pueblo que decidió ser libre para siempre.
Contamos con el liderazgo de nuestro gobernador Rafael Lacava, quien se ha mantenido al frente de esta batalla defendiendo cada centímetro de nuestra soberanía con el ímpetu que lo caracteriza. Nuestro gobernador es un defensor inquebrantable de esta causa y ha movilizado a todos los sectores del estado para que nadie se quede atrás en esta defensa histórica. Con su liderazgo aguerrido, Carabobo se convierte en el epicentro de la lealtad, demostrando que estamos listos para defender nuestra tierra y nuestra bandera frente a cualquier amenaza que pretenda dividirnos.
Venezuela le dice al mundo que nuestra apuesta siempre será la paz, pero una paz con justicia y respeto. No vamos a renunciar a lo que nos pertenece por ley, por historia y por sacrificio. El Esequibo es venezolano y nada va a cambiar esa realidad. Seguiremos alzando la voz con orgullo y con la frente en alto, porque el sol de nuestra patria siempre nacerá en el Esequibo.
Chávez vive! ¡La patria sigue!
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