Julie de Romero: “El avivador de los tiempos”
Opinión

Julie de Romero: “El avivador de los tiempos”

La iglesia nació en medio de un mover sobrenatural. Jesús les había indicado que debían esperar ser revestidos de poder para ser testigos de Cristo hasta lo último de la tierra. Y así sucedió.
6 de mayo de 2026
Opinión. - La iglesia nació en medio de un mover sobrenatural. Jesús les había indicado que debían esperar ser revestidos de poder para ser testigos de Cristo hasta lo último de la tierra. Y así sucedió. En el libro de Hechos 2:1-4 se relata el suceso divino de la llegada del Espíritu Santo.

Su entrada triunfal. Había sido enviado desde el cielo por Cristo para una misión especial, la cual era trabajar en cada ser humano y guiarlos al arrepentimiento para salvación.

Esos apóstoles que Jesús había seleccionado eran la materia prima para que, por obra del Espíritu Santo, floreciera la Iglesia de Cristo en la tierra. Hermosa, magnífica, gloriosa, llena de gracia y poder, sencilla, humilde, pero también con autoridad para atar y desatar, para establecer el reino de Dios en la tierra.

El primer sermón del Pedro ungido por el Espíritu retumbó y estremeció a los oyentes; 3000 almas creyeron, se arrepintieron, bautizaron y se añadieron a esa nueva comunidad que emergía con una fuerza virulenta.

En medio de una época multicultural, pagana y dominada por el imperio romano, se levantaba la Iglesia de Jesucristo. Sus discípulos ganaban a muchos más porque el Espíritu Santo los convencía y los añadía a las filas del evangelio de Cristo.

Estamos en la era del Espíritu Santo. Él es el gran avivador de los tiempos, el energizador de la iglesia y quien la reviste de poder; su obra es redentora y transformadora de cada ser humano.
 
Así como Cristo fue perseguido y calumniado, así también se ha querido anular la obra maravillosa del Espíritu Santo en esta dispensación a través de
desvaloración: el enemigo no puede atacar al Espíritu Santo pero sí puede hacer que el ser humano lo bloquee, lo deseche y desvalore, lo encontramos en Mateo 12:24 donde dice “Por beelzebu hace milagros” anulando su acción. Otra forma de desvaloración es hacerlo ver como una cosa manipulable, algo que simplemente se puede tomar, usar y desechar, lo encontramos en Hechos 8:19 donde dice “dame a mí también este poder para que cualquiera a quien yo impusiere las manos, reciba el Espíritu Santo”. Todo esto es un ataque a su persona, su poder, su obra y su ministerio.

Negar el Espíritu Santo es otra estrategia de ataque. Encontramos en Hechos 19:2 donde dice “ni siquiera hemos oído que hay un Espíritu Santo”.
La estrategia es negar su existencia para que el ser humano crea que se puede ser bueno y agradar a Dios sin la gracia, el carisma y el poder del Espíritu Santo. Esto no es otra cosa que mera religión y un pseudo evangelio.

Sustituir al Espíritu Santo es también una estrategia para anular su obra y su persona. En 2 Corintios 11:4 dice “porque si viene alguno predicando a otros Jesús, que el que nos hemos predicado, o si recibís otro espíritu, que el que habéis recibido, u otro evangelio, que el que habéis aceptado, bien lo toleráis”. Se quiere hacer creer que el Espíritu Santo es sustituible por filosofías humanas y que no es indispensable. Sustituible por experiencias donde se cree estar creciendo y avanzando sin la obra del Espíritu Santo, entonces no hay necesidad de arrepentimiento, ni de perdón de pecados, ni de salvación. Simplemente se sustituyó por la sabiduría humana.

Por último, se resiste al Espíritu Santo. Hechos 7:51 ¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón! Vosotros resistí siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros!

Resistir es oponerse, no someterse a la voluntad de Dios, por lo tanto, el enemigo busca que evitemos el proceso de transformación por la obra del Espíritu en nuestras vidas, pero si el grano de trigo que cae en tierra no muere, no podrá llevar frutos, por lo tanto la falta de sujeción al Espíritu Santo genera esterilidad, pérdida y fracaso en nuestras vidas.

Así como los discípulos honraron al Espíritu Santo esperándolo, dándole lugar de primero y sometiéndose a su voluntad, así también nosotros necesitamos ser guiados, enseñados y fortalecidos por Él.

No existe tal cosa como cristianismo separado de la obra del Espíritu Santo, por eso necesitamos honrar su persona, valorarlo, reconocerlo y obedecerle.

Apóstol Julie de Romero
@juliederomero
@ccn.valencia
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde