Cita con la Historia: José Dionisio Cisneros, el último realista
Opinión

Cita con la Historia: José Dionisio Cisneros, el último realista

Luego de terminada la guerra de independencia con Carabobo y la posterior toma de Puerto Cabello, que marcó el definitivo retiro de tropas regulares del rey de España, no todo fue paz y tranquilidad
9 de octubre de 2026
Opinión.- Luego de terminada la guerra de independencia con Carabobo y la posterior toma de Puerto Cabello, que marcó el definitivo retiro de tropas regulares del rey de España, no todo fue paz y tranquilidad. 

Por todas partes del país quedaron partidas de venezolanos (y algunos pocos españoles) que se declaraban fieles al rey y combatían bajo pretexto de que sostenían las banderas de España, cuando en realidad no eran más que partidas de bandidos que no se adaptaban a la vida de trabajo del campo y preferían el saqueo y el pillaje. 

Fueron varios: la montonera de los Güires, cerca de Barbacoas, con el teniente coronel realista José Manuel de los Reyes Ramírez, alias “Ramirote” y el cura capuchino José Benito Villaviciosa, el capitán de infantería Juan Celestino Beaumont, de Valle De La Pascua, cuerpos de llaneros o de soldados licenciados que había vivido de la extorsión y el saqueo y no sabían hacer más nada, y partidas de negros cimarrones (esclavos escapados de sus haciendas).

Pero el más notable de todos fue “Indio” (aunque propiamente era un mestizo) José Dionisio Cisneros, en la zona central: Valles del Tuy, Santa Lucía, Guarenas, Baruta y zonas aledañas, peligrosamente cerca de Caracas. Lo describen como un hombre alto, valiente, desordenado, que había sido arriero por toda aquella región, que la conocía como la palma de su mano, así como a sus moradores.

Los pueblos asentados en los valles de aquellas otrora fértiles regiones eran continuamente asaltados y saqueados por las guerrillas de Cisneros. Tomaban todo lo que querían y asesinaban a los soldados y a los sospechosos de colaborar con las autoridades, lo que estaba arruinando a esas ricas regiones. Los hacendados optaron por huir a las ciudades y los campesinos quedaron en la miseria, lo que llevó a muchos a incorporarse a esas guerrillas.

La situación se hacía cada vez más grave: en diciembre de 1825, unos 200 negros y mulatos afectos a Cisneros trataron de asaltar Petare, Curiepe, Río Chico y El Guapo. Para complicar más la situación, en 1826 llega a Venezuela el oficial español José Arizábalo, quien se infiltra en la región donde operan Cisneros y los suyos, lo nombra coronel y avisa que pronto llegará de Cuba, Puerto Rico o España una flota para reinstalar la monarquía.

Asaltan Caucagua y Mariches acercándose cada vez más a Caracas y en cada acción son especialmente crueles con los blancos, a quienes degollan sin piedad. En diciembre cunde el pánico cuando en una batalla 800 soldados del gobierno son derrotados con muchos muertos por los guerrilleros, cerca de la capital. Pero el objetivo de lograr una revuelta nacional contra la república no se pudo lograr y el coronel Arizábalo regresó a España y los guerrilleros empezaron a desmoralizarse.

Por su parte, Páez enviaba tropas a reducir a los alzados a la vez que varias veces se les ofreció el perdón, por lo que poco a poco muchos de los guerrilleros fueron entregando las armas y acogiéndose a la pacificación.

En una de las acciones las tropas del gobierno logran capturar a un pequeño hijo de Cisneros. Páez, en una hábil maniobra, en vez de maltratar al niño lo hace bautizar y se convierte en su padrino, a la vez que lo envía a la escuela. Así se crea un parentesco religioso entre Páez y Cisneros, quien decía ser muy creyente.

Continuamente Páez envía cartas a Cisneros pidiéndole una reunión y halaga a los pobladores de la región con fiestas y comilonas, hasta que luego de muchos intentos el bandido accede.

Luego de una tensa reunión, a la que Páez acude prácticamente solo a la guarida del guerrillero, este último accede a dejar las armas. Cisneros fue indultado, se le dieron tierras para que trabajara y un cargo militar para que fuera el jefe de la zona. 

Como comandante militar del gobierno realizó varias misiones, pero en algunas ocasiones mostraba indisciplina, hasta que, en diciembre, es arrestado por grave insubordinación militar y condenado a muerte el 8 de enero de 1847 por un consejo de guerra bajo los cargos de sedición, expoliación e insubordinación, siendo fusilado el 13 de enero de 1848.

@luishmedinac
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde