La toxicidad cardiovascular de estos se relaciona con la carga lipofílica en el suero (cantidad total de la sustancia contaminante afin a las grasas, acumulada en la sangre)
Opinión.- La contaminación ambiental es un factor de riesgo para el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares (ECV); cuando inhalamos sustancias contaminantes, pasan a nuestra sangre, produciendo incremento del estrés oxidativo (definido como un desequilibrio entre la cantidad de radicales libres que son moléculas dañinas y los antioxidantes que son defensas que los neutralizan), provocando daño celular. Las sustancias toxicas activan una respuesta inflamatoria cronica en el organismo; favorecen la formación de trombos y la acumulación de placas de grasas en las arterias, haciendo que estas se estrechen, se endurezcan y aparezcan enfermedades como hipertensión arterial, infarto de miocardio, fibrilación auricular, insuficiencia cardiaca, valvulopatías, enfermedad cerebral vascular, entre otras.
El estudio de Carga Global de Enfermedades encontró que la contaminación fue responsable de 5,5 millones de muertes debido a enfermedades cardiovasculares en el 2019 y estudios epidemiológicos estiman entre 6 y 9 millones de muertes atribuibles cada año hasta el 2060 por contaminación. Los efectos nocivos de la contaminación se extienden más allá, provocando extinción y disminución de especies, alteraciones de los ecosistemas a nivel mundial, que repercuten en la salud.
Se reconocen 6 contaminantes atmosféricos principales, cada uno produce un perfil diferente de ECV: material particulado con un diámetro menor de 2,5 micrómetros (fibrilación auricular, disautonomía, ictus hemorrágico, hipertensión); ozono troposférico (enfermedad arterial coronaria); óxido nitroso (ateroesclerosis, ictus, infarto de miocardio); monóxido de carbono (enfermedad arterial coronaria, insuficiencia cardiaca, síndrome metabólico); dióxido de azufre (arritmias, enfermedad coronaria); plomo (enfermedad arterial coronaria). Otros contaminantes incluyen el humo de segunda mano (cigarrillo), arsénico, cadmio, cobre y contaminantes químicos manufacturados comunes, estos incluyen contaminantes orgánicos persistentes, exudados plásticos (bisfenol A y ftalatos), hidrocarburos aromáticos policíclicos, hidrocarburos de bajo peso molecular, sustancias perfluoroalquiladas.
La toxicidad cardiovascular de estos se relaciona con la carga lipofílica en el suero (cantidad total de la sustancia contaminante afin a las grasas, acumulada en la sangre), por lo cual una mayor exposición se asocia a mayor riesgo cardiovascular. Es urgente iniciar estrategias para el control de la contaminación ambiental.
Mirecly Guzmán Ramos
Especialista en medicina interna y cardiología
PhD en ciencias médicas
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