Este pensamiento tiene mucha lucidez. Vivir bien no consiste en negar las dificultades del mundo, sino en mirarlas de frente sin perder la esperanza ni la capacidad de actuar
Opinión. - Hannah Arendt (1906-1975), la gran filósofa del siglo XX que sobrevivió a la amenaza del nazismo, nos dejó una lección básica para saber afrontar los retos de la vida. A ella se le atribuye la frase: “Hay un precepto bajo el cual he intentado vivir: prepárate para lo peor, espera lo mejor y acepta lo que venga”. Sin duda, coincide y refleja parte de la filosofía de vida de esta sabia mujer, que defendía que hay que vivir sin ingenuidad, pero sin dejarse llevar por el pánico y sin dejar de pensar.
La frase en sí no aparece en ningún escrito suyo. Es más, sus biógrafos niegan la autoría. Pero eso no quita que haya circulado bajo su firma y que son muchos los que ven un fiel reflejo de sus ideas.
Este pensamiento tiene mucha lucidez. Vivir bien no consiste en negar las dificultades del mundo, sino en mirarlas de frente sin perder la esperanza ni la capacidad de actuar. Prepararse para lo peor no significa vivir con miedo, sino pensar, anticipar y no engañarse. Arendt sabía bien de qué hablaba porque, como judía alemana, vivió el totalitarismo, el exilio y la persecución.
Su obra quedó marcada por esta vida de persecución (tenía 25 años cuando el nazismo subió al poder) y de exilio, que la llevó primero a París y luego a Estados Unidos. No fue una promotora del optimismo ingenuo. Sabía que los que no quisieron ver el terror que se extendía por Alemania, acabaron en campos de concentración.
Pero también se negó a creer que el mundo que se había desmoronado fuera lo único que podemos esperar de la humanidad. Arendt, por tanto, se distancia tanto del pesimismo absoluto como del optimismo superficial. Esperar lo mejor implica comprometerse con la sociedad, con el mundo en el que vivimos y no abandonar la idea de que nuestras decisiones importan. Es muy triste ir desconfiando de todo y de todos. La gente que es así ciertamente no puede ser feliz. Sin lazos no hay felicidad. Como recomendaba Aristóteles, la opción es la confianza reflexiva.
Aceptar lo que venga con entereza puede ser la parte más complicada. No todo depende de nosotros. Hay límites, fracasos, errores y situaciones que no elegimos. Pero aceptarlo no es rendirse, sino asumir la realidad sin negar lo ocurrido, aprender y seguir adelante. Arendt ofrece un punto más: no todo será fácil, pero no todo está perdido; no todo depende de ti, pero algo siempre puedes hacer.
Para esta filósofa, la libertad no consiste solo en elegir entre opciones ya dadas, sino en la capacidad de empezar, de introducir novedad en el mundo. Ese matiz importa mucho. Así que aceptar lo que venga no significa resignarse, sino reconocer que el futuro nunca está del todo bajo control y que, aun así, seguimos siendo responsables de responder a él.
En estos tiempos convulsos, de mentiras políticas flagrantes, de abuso del poder, de agresiones militares, de genocidios impunes y de incertidumbre mundial, hay una entrevista de Hannah Arendt, de 1973, que tiene mucha actualidad. “Cuando todo el mundo miente -decía-, la consecuencia no es que la gente crea una mentira concreta, sino que acaba sin creer nada; y una sociedad que ya no puede distinguir verdad y falsedad pierde también capacidad para pensar y juzgar”.
Ella no pide que seamos pasivos, sino que actuemos. Hay que tener juicio propio y no creer en palabras vacías. Prepararse para lo peor, en el sentido que ella propone, es cultivar el pensamiento crítico, no delegar tu opinión. Informarse bien, juzgar y defender lo que crees justo.