La batalla es cruenta con caballería, infantería y artillería, pero termina por decidirse por una total victoria para los insurgentes
Opinión.- En la vida nos ocurren situaciones en las que actuamos a veces sin pensar en las consecuencias positivas o negativas que posteriormente nos puedan acarrear.
Durante la guerra de independencia ocurre la primera batalla de Carabobo, por estas fechas más o menos, o sea, el 28 de mayo de 1814. Las tropas realistas, comandadas por el capitán general de Venezuela Juan Manuel, avanzan hacia Valencia, desde donde le sale al paso Bolívar comandando las tropas de la Segunda República de Venezuela.
A eso de la una de la tarde ocurre el choque entre tres mil hombres de cada bando en la sabana de Carabobo. La batalla es cruenta con caballería, infantería y artillería, pero termina por decidirse por una total victoria para los insurgentes. Las líneas realistas son desbaratadas, con muchos muertos y prisioneros hasta que, después de seis horas de combate, Cajigal ordena tocar retirada y escapan como pueden.
Los patriotas se lanzan a la persecución del enemigo. Uno de los que comandan la acción es uno de los jefes de la caballería venezolana, el coronel José Jugo. Entre quebradas y matorrales, Jugo le da alcance a un temido oficial realista del batallón realista “Numancia”, una de las unidades élite del ejército del rey. Se trata del teniente Tomás de Heres, nativo de Angostura (hoy ciudad Bolívar). Heres trata de escapar para unirse a los remanentes de sus filas, pero no puede llegar. Eran los terribles tiempos de la Guerra a Muerte decretada por Bolívar. No se tomaban prisioneros, generalmente los oficiales enemigos eran ejecutados inmediatamente. Heres se rinde, quedando a merced de Jugo. El oficial patriota decide no matarlo. Hay una versión de que debía entregarse prisionero, pero parece que escapó, porque al poco tiempo estaba nuevamente en las filas realistas.
Transcurre mes y medio. La guerra ha dado un vuelto total. Bolívar y los insurgentes han sido vencidos por la Legión Infernal de Boves. Los ejércitos de los patriotas han sido eliminados y centenares de soldados han muerto en el campo de batalla.
Valencia está sola, defendida apenas por unos quinientos soldados contra varios miles de realistas, casi sin armas ni municiones, ni agua, ni comida. Boves pone un terrible asedio a la ciudad por veinte días, luego de los cuales la ciudad firma una capitulación para evitar más muertes y espera que el terrible asturiano respete las vidas y propiedades de los vencidos. Pero Boves entra en la ciudad, viola la capitulación y comienza una masacre que durará varios días. Al poco tiempo llega Cajigal, el vencido de Carabobo, que nominalmente es jefe de Boves, pero no puede ejercer su autoridad porque no tiene con qué: las hordas de Boves lo superan enormemente. También llega uno de los oficiales más prestigioso de los realistas: Tomás de Heres.
Entre los que se habían rendido en Valencia estaba el coronel Jugo, herido en el hospital. En algún momento se encuentra frente a Heres, quien sabe que el sanguinario Boves tenía un odio muy especial en contra de Jugo, ya que este era un lancero comandante de la caballería patriota, y al frente de sus hombres muchas veces se había opuesto con los lanceros de Boves. Era prácticamente un enemigo personal de Boves.
Tomás Heres sabe que a su salvador le espera una muerte, y seguramente una terrible muerte, luego de tremendas torturas. El oficial realista se las juega y se planta frente a Boves y le pide la vida del Jugo. Entre maldiciones e insultos Boves le entrega al prisionero. José Jugo se ha salvado y vivirá hasta los 73 años, alcanzando la jerarquía de coronel y recibió la Orden de los Libertadores.
Por su parte, Tomás de Heres continuó siendo un fiel oficial de la causa del rey en su batallón el Numancia. Fue enviado por el general Pablo Morillo a combatir con su unidad a los insurgentes en el Perú. En diciembre de 1820, Tomás de Heres, junto con otros oficiales, fue uno de los principales artífices del paso del Batallón Numancia al bando de los independentistas. Este evento fue un golpe devastador para la moral realista en el Perú y un impulso estratégico fundamental para el ejército de José de San Martín. Luego trabajó al lado de Simón Bolívar.
@luishmedinac