Los odios personales, las rencillas y resentimientos han sido el caldo de cultivo para la destrucción del país
Opinión.- Este 20 de mayo se cumplieron 33 años en los cuales la democracia venezolana se lanzó al abismo, un camino hacia su propia destrucción y castigo. La defenestración del presidente Carlos Andrés Pérez es, sin duda, un momento de quiebre de la era de la democracia civil en el país. ¡Qué consecuencias tan negativas ha traído para todos los venezolanos ese absurdo hecho de venganza política que tuvo, sin duda, un conglomerado de las más diversas pintas e intereses, que se confabularon contra Pérez, pero en esencia contra el sistema democrático, que aún imperfecto, era siempre perfectible a través del voto!
Jose Vicente Rangel y Ramón Escobar Salóm fueron simplemente los artífice de una conspiración militar y civil contra CAP. La militar la derrotó con gallardía suprema, pero la trampa civil no la quiso ver venir, y la subestimó por su liderazgo nacional e internacional.
Ayudar o intentar contribuir a la “Paz de Centroamérica” le costó la presidencia a un hombre que había demostrado en todo momento su respeto por las instituciones democráticas del país y de la región. Por muchísimo menos de lo que este gobierno que se hace llamar “revolucionario socialista del siglo XXI” que ha despilfarrado en ayudar a sus “países aliados”, se juzgó a la democracia venezolana.
La conjura que implicó también al Comité Ejecutivo Nacional -la mayoría de Acción Democrática- de aquel entonces, decisión infame que involucró el voto en el senado del antiguo Congreso de la Republica de Venezuela para solicitar el antejuicio de mérito y la posterior destitución de Perez, deberá formar parte de nuestra memoria histórica. Fue algo de la cual los adecos debemos arrepentirnos por siempre. Los que allí votaron a favor, unos ya fallecidos y algunos pocos por allí todavía, deben ser objeto de nuestro profundo rechazo.
No hundieron a Pérez, hundieron a la democracia venezolana y abrieron el camino polvoriento de la ineficiencia, corrupción, persecusion política y deterioro de la calidad de vida de los venezolanos, sin paragón en la historia del país.
Según nos reseña Wikipedia en un artículo del Diario de Caracas de 1993, “la investigación estuvo viciada en sus orígenes, sus motivaciones fueron políticas, las primeras decisiones se dictaron bajo presión y se desconocieron garantías fundamentales en el Estado de Derecho. En el juicio no se respetaron los derechos consagrados en los artículos 361, 367 y 369 del Código de Enjuiciamiento Criminal y la Corte rechazó la petición de defensa, a pesar de lo señalado”. Fue un linchamiento político por odios personales y envidia a un liderazgo auténtico que les había propinado derrotas militares y civiles en el campo electoral y en el ejercicio del poder.
A Carlos Andrés Pérez debemos recordarlo con respeto y simpatía. Ayudó a construir la democracia venezolana y sus instituciones, fue tanto así, que esas mismas instituciones que él ayudó a formar: Corte Suprema de Justicia, Fiscalía General de la República y Congreso Nacional lo señalaron vilmente por motivaciones politicas, las cuales pudo haber desconocido, como se lo pidió en esos momentos su alto mando militar y, sin embargo, se sometió civilmente a ellas, algo nunca hecho por presidente alguno. Su mensaje reflexivo a la nación invitaba ya a los venezolanos a la posibilidad de arrepentimiento por el daño que se le hacía a la democracia, como efectivamente ocurrió.
Los odios personales, las rencillas y resentimientos han sido el caldo de cultivo para la destrucción del país. Aspiro como venezolano que podamos superar esas disputas estériles y sembrar las bases de una nueva Venezuela. Ojalá algún día, en pro de la reconciliación nacional, podamos crear una “comisión de la verdad” para iniciar una búsqueda exhaustiva de lo que realmente ocurrió, que nos permita extraer lecciones institucionales y evitar que se repitan hechos como ese infame juicio.
Instagram: @ruben_limas
X y Facebook: @rubenlimas
TikTok: @rubenlimast