Ahí el Ágora: Ovejas o hijos (Parte II)
Opinión

Ahí el Ágora: Ovejas o hijos (Parte II)

El evangelio es salvación y es poder de Dios, sirviéndole a Cristo te garantiza una vida de victoria, te garantiza ser instrumento para que otros sean felices y alcancen una verdadera libertad
19 de mayo de 2026
Opinión.- Muchos creen que seguir a Jesús es difícil o tedioso, o que incluso si alguien desea formar parte de un grupo cristiano, corre el riesgo de ser manipulado o sugestionado por un líder de una congregación, pues no siempre es así o no debe ser así. Porque seguir a Cristo es lo más hermoso y lo más grande que le pueda suceder a las personas.

El evangelio es salvación y es poder de Dios, sirviéndole a Cristo te garantiza una vida de victoria, te garantiza ser instrumento para que otros sean felices y alcancen una verdadera libertad. Cristo es la garantía para poder tener ética y una moral inquebrantable.
 
Es indubitablemente llamativo este tema que está siempre presente, porque estando ya en la fila del evangelio, comienza un proceso espiritual y de crecimiento, unos lo aprovechan y crecen, pero otros se conforman con ser dependientes de lo que esté más cerca y cómodo, porque hay quienes se autolimitan.
 
Sabemos que cuando se sigue a Cristo, y se desarrolla en la práctica la metanoia que ya hubo en nosotros una vez que recibimos a Jesús en nuestras vidas, ese cambio en ti y en mí es producto de que el Espíritu Santo nos adoptó y nos hizo hijos para heredar. Los hijos distinguen que es Reino y que es autoridad, las ovejas no sabe en sí hacia dónde se dirigen, hay que proveerle por medio de un cayado su destino.
 
Es una imperiosa necesidad que a los creyentes se les capacite, se les discipule, de lo contrario jamás podrán saber su condición de hijo y mucho menos de un hijo con herencia. El discipulado descubrirá el carácter del creyente y lo formará para ampliar el conocimiento de la palabra de Dios y le reforzará su condición espiritual. Cuando no discipula se puede pensar que el interés es tener pura ovejas dependientes.

Capacitar y discipular no es algo opcional, no. El discipulado es una orden del cielo. Si no te discipulas, no aprenderás disciplina, no sabrás aceptarla ni aplicarla, porque el discipulado enseña una línea tan delgada que no debes pasar injustamente, eso es madurez. Mat. 29: 19-20, nos provee de una licencia para instruir a otros, pero debes instruirte primero tú. No puedes discipular si caminas como ovejas, cuando aún sigues dependiendo de la leche y cuidado espiritual. “Por tanto Id”, es para todos los creyentes maduros sin importar la edad, siempre y cuando actúen como hijos. Esto es una ventaja.

Las ventajas que aportan los hijos es que ayudan a los distintos liderazgos de una congregación, ayudan al pastor o anciano de la iglesia. Ayudan a empujar la carreta, mientras que las ovejas se quieren montar en la carreta, haciendo más pesado el transitar. Los hijos de Dios están claros que son amados sin condiciones, mientras que a las ovejas hay que transicionarlas y enseñarles a cada momento que son amadas de igual manera.
 
Otra ventaja determinante en el caminar con Cristo, es que los hijos de Dios se preparan para desarrollar la mayordomía y dirigir la casa del Padre. Una oveja no alcanza a reconocer lo referente a la administración de su negocio. El hijo o la hija se saben perdonados y avanzan, saben que el perdón es automático una vez se arrepientan, a las ovejas hay que estarles diciendo a cada momento que Dios les ama y les perdona.
 
Es necesario el discipulado, no se puede crecer sino se hace un esfuerzo por enseñar y capacitar. Haciendo esto, se obtendría muchos partos de líderes y así, la visión se fortalece y se amplía. Con el discipulado los dones que lo da Dios, son activados, los llamados se perfilan y no se estancan por la falta de comprensión de muchos que no ven a líderes en sus congregaciones, sino que parecieran (y les conviene) solo ver ovejas. Y Dios finalmente es quien demandará.
 
¡Sí se puede amigo (a) lector, es por aquí la plaza pública comunicacional!
 
Otrosí o nota: En la I Epístola Universal de San Juan Capítulo 3:1. Dios nos llama hijos, y si Dios nos llama hijos, eso es lo que somos. “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre que seamos llamados hijos de Dios”. Para el mundo o para quienes no han querido tener una experiencia con el Altísimo, el que nos llamemos hijos les parece algo extraño y sobrenatural (de hecho lo es). Fuimos adoptados por su Espíritu que nos hizo nacer de nuevo. No dejes que nadie te quite esa identidad.

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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Editoría de Notitarde