Según el investigador Michael Wilmont, “la amabilidad es el rasgo de la personalidad que se ocupa principalmente de ayudar y construir relaciones positivas con los demás”
Opinión.- Aquí estoy, como cada martes, hasta que Dios lo permita.
Días atrás, en una conversación entre amigos, alguien comentaba que desde hace pocos meses le parecía curioso y, al mismo tiempo, positivo que en la radio, redes sociales, prensa y televisión el lenguaje de comunicación era más amable y, a su vez, sentía la vida menos estresada.
No es casual que, frente a escenarios positivos en nuestro país, donde la polarización ya no forma parte del verbo diario ni hay choques entre clases, comencemos a ver una especie de nueva generación que yo he denominado los “buenas personas”.
Ser buena persona no es nuevo; durante años ha sido la luz ante la oscuridad del narcisismo, la psicopatología o el maquiavelismo. Mejor aún, ser buena persona trae consecuencias en el mundo real, y estas se van a manifestar a lo largo de la vida. Según el investigador Michael Wilmont de la Universidad de Arkansas y Deniz Onez de la Universidad de Minnesota, “la amabilidad es el rasgo de la personalidad que se ocupa principalmente de ayudar y construir relaciones positivas con los demás”.
Por ello, estos investigadores realizaron un análisis de metadatos en más de 1.9 millones de personas dentro de 3.900 estudios y resumieron en siete los aspectos más relevantes característicos de las personas amables:
- Autotrascendencia: es el deseo de crecer como persona, con una motivación permanente de cuidar a los demás y una inclinación hacia prácticas espirituales.
- Contentamiento: es la capacidad de aceptar la vida tal como es y, con ello, adaptarse a lo que te depare.
- Inversión en las relaciones: dedicación de tiempo para fortalecer lazos de amistad.
- Trabajo en equipo: independientemente de las competencias de los demás, una buena persona es capaz de alcanzar objetivos comunes.
- Trabajo inmersivo: la característica común de remangarse para lograr el objetivo.
- Democratización de los resultados: existe una tendencia a reconocer, sin conflicto, el trabajo de los demás por encima de los logros personales.
- Respeto a las normas sociales**: difícilmente una buena persona transgrede las normas sociales.
Usar estos siete aspectos como hoja de ruta para definir dónde podrías amplificar tu factor “buena persona” ayudará y aportará ideas concretas que minimicen asperezas en tu vida.
No quiero caer en ficciones después de haber vivido más de cuatro décadas con experiencias que nos han dejado un mal sabor por ser amables. Me refiero a ese arrepentimiento cuando dejamos pasar en la caja del supermercado a una embarazada o a un adulto mayor y ni siquiera recibimos las gracias. ¿Y qué decir de esa persona a la que cuidaste la casa cuando salió de viaje y, cuando la necesitaste por una enfermedad, se esfumó? Justo después te prometiste ser más duro/a.
Todo lo anterior forma parte de tu repertorio de predisposiciones, pero no te frenes allí; ser buena persona vale la pena, especialmente si quieres acompañar tus últimos 30, 20 o 10 años con estabilidad económica, buena salud y gratitud. Si hoy haces este plan, los beneficios serán evidentes, y si tienes dudas, los científicos lo han confirmado.
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