Con la paz y la justicia como ejes transversales, Venezuela apuesta por un modelo de convivencia que garantiza la estabilidad a largo plazo
Opinión.- Lo estamos dejando claro en La Haya: el sol de Venezuela nace en el Esequibo. Por eso, nuestra defensa ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) es un ejercicio de soberanía, en el que la delegación nuestra, encabezada por el canciller Yván Gil, asiste a las audiencias orales que se extenderán hasta este 11 de mayo, en un proceso que el gobierno venezolano ha calificado como una acción unilateral, por parte de Guyana, por vulnerar el derecho internacional.
No obstante, el canciller también ha dejado saber que independientemente del desarrollo de estas audiencias, nuestra posición sigue exigiendo el cumplimiento del Acuerdo de Ginebra como la única vía legal para dirimir la controversia. Desde acá apoyamos esa postura porque los derechos venezolanos sobre el Esequibo resultan reales e irrebatibles.
Asimismo, vemos cómo los nuevos acuerdos energéticos con Estados Unidos evidencian que Venezuela es un socio indispensable para la estabilidad del mercado estadounidense. Bajo las directrices de la presidenta Delcy Rodríguez, hemos firmado convenios que garantizan inversiones, pero bajo el respeto a nuestra jurisdicción y nuestras leyes. Con lo que también el norte parece haber entendido que es mejor negociar con un país soberano que intentar derrocar a un pueblo invicto.
Por otro lado, miramos con atención las conversaciones entre la administración Trump e Irán. Teherán, con una dignidad irrenunciable ha dejado claro que su soberanía no se negocia. Por su parte, la administración estadounidense, presionada por una economía que tambalea ante cualquier subida del barril, ha tenido que sentarse a escuchar a quienes antes pretendía borrar del mapa. Desde acá abogamos por el respeto como única vía para mantener el equilibrio.
Analizamos también la postura de la Unión Europea que, tras años de seguir guiones dictados por otros, en este momento voltea hacia el sur. Venezuela está lista para ser el socio estratégico que necesita, siempre y cuando se levanten definitivamente las sanciones contra nuestro pueblo. Por eso, si quieren energía segura, deben respetar la democracia bolivariana.
Nos complace saber que el BCV compartiera las cifras del crecimiento económico sostenido porque son el resultado de un modelo que sigue derrotando la hiperinflación y el desabastecimiento. Producir es vencer, y hoy Venezuela produce más, exporta más y suena más.
La gestión de la presidenta, Delcy Rodríguez ha alcanzado un hito significativo al cumplirse los primeros 100 días del Programa por la Convivencia Democrática y la Paz, una iniciativa que ha logrado consolidar la estabilidad institucional mediante el entendimiento político. Este programa se ha desplegado a través de Mesas Territoriales que llevan el diálogo directamente a las comunidades, permitiendo que la resolución pacífica de conflictos se convierta en una práctica cotidiana en cada parroquia del país. Al descentralizar la toma de decisiones y priorizar la armonía ciudadana, el Estado venezolano reafirma su compromiso con una cultura basada en el respeto y la pluralidad, elevando la ética ciudadana por encima de las confrontaciones.
Esta política de Estado, proyectada hacia el futuro, funciona como una respuesta constitucional firme para proteger la soberanía nacional a través de la palabra y el apego estricto a la Constitución. El fortalecimiento institucional y la promoción de la tolerancia, registrados en este periodo, demuestran la capacidad de la nación para sanar el tejido social y fomentar el respeto a la diversidad política.
Con la paz y la justicia como ejes transversales, Venezuela apuesta por un modelo de convivencia que garantiza la estabilidad a largo plazo, proyectando un horizonte de esperanza donde la unión nacional es la base fundamental para la defensa de la patria.