En Asia y entre comunidades de la diáspora, el Año Nuevo Lunar señala el inicio de un nuevo ciclo, con reuniones familiares, comidas tradicionales y rituales que conectan generaciones. La festividad simboliza renovación y continuidad, con la familia como eje central de las celebraciones y la transmisión de costumbres ancestrales.
En paralelo, el Ramadán —noveno mes del calendario islámico— convoca a los musulmanes al ayuno diario, la oración y la solidaridad comunitaria, mientras que la Cuaresma abre un período de cuarenta días de preparación espiritual para la Pascua entre católicos y otros cristianos.