Durante su discurso, el Pontífice señaló que este tiempo litúrgico debe ser aprovechado como un periodo de profunda reflexión y conversión, instando a los creyentes a abrir el corazón a la palabra de Dios.
El mensaje central giró en torno a la empatía y la misericordia. El Papa exhortó a la comunidad a abandonar aquellas actitudes y gestos que lastiman al prójimo y generan distancia con lo divino.
"Pidamos al Señor que disponga nuestros corazones para vivir su mensaje", señaló, marcando el tono de lo que espera sea un camino de transformación hacia la Pascua.