Deseo que disfrutes cada una de estas páginas, trabajadas con esmero por todo el equipo con la firme convicción de seguir enalteciendo y construyendo el país que soñamos
Carabobo.- La mayoría de las personas transitamos la cotidianidad con prisa, sin detenernos a mirar a los lados. Nos acostumbramos a vivir apresurados, ignorando lo bonita que puede ser la vida; a veces sentimos que nos falta algo incluso teniéndolo todo, perdiendo de vista el valor de lo que nos rodea. En ocasiones, lamentablemente, hace falta un sacudón para recordar lo afortunados que somos.
El pasado 24 de junio, Venezuela atravesó un momento que nos conmovió profundamente como seres humanos. Sin duda, hay un antes y un después de aquel terremoto. Nos vimos confrontados con la fragilidad de nuestro entorno y, al mismo tiempo, reafirmamos lo verdaderamente esencial: la vida, el hogar y la familia.
Resulta paradójico que debamos atravesar circunstancias tan complejas para hacer una pausa, reconocer nuestras bendiciones y decidir continuar con una perspectiva distinta.
En medio de esa incertidumbre, ya contábamos con una edición casi cerrada, concebida para mostrar la belleza y riqueza de los destinos de nuestro país. Comprendimos que el entorno había cambiado, pero también entendimos que nuestro propósito permanecía intacto: ofrecer a nuestros lectores un refugio de calma, un espacio de alivio y un respiro para la mente. Hoy, esa misión es más necesaria que nunca.
En esta entrega de Revista del Domingo, seguimos apostando firmemente por Venezuela, por su gente y por todo lo que somos capaces de lograr unidos. El turismo no es solo un descanso para el alma; es un pilar fundamental para la economía y la reconstrucción de nuestro país.
Querido lector, deseo que disfrutes cada una de estas páginas, trabajadas con esmero por todo el equipo de Revista del Domingo, con la firme convicción de seguir enalteciendo y construyendo el país que soñamos.
Stefanny Peña Sevilla