Los sismos del 24 de junio fracturaron las bases de viviendas que hoy muestran desprendimiento de paredes, fracturas importantes de las uniones y pérdida de verticalidad en sus muros divisorios
Sucesos.- A ocho días del evento telúrico, la realidad en varios sectores de la parroquia Goaigoaza mantiene a los afectados atrapados entre el necesario desalojo y la falta de un techo seguro. Familias enteras continúan habitando estructuras que amenazan con venirse abajo.
En el recorrido por las zonas afectadas, el testimonio es unánime y alarmante. Las viviendas ya no representan un refugio, sino un peligro inminente.
“El desalojo es de la vivienda completamente...”.
Este es el crudo balance que comparte la comunidad al describir la situación de la vivienda de Laurimar Romero en La Quizanda. Allí, el informe de los Bomberos no dejó espacio para dudas: la orden es desalojo por completo. Dentro de esa estructura, cuyo agrietamiento severo compromete la estabilidad de los techos y las paredes de los cuartos, pernoctaban siete personas: cuatro niños, una persona de la tercera edad y dos adultos. Por fortuna, los vecinos y la jefatura del consejo local lograron apoyarle para mudarse temporalmente a la casa comunal, quedando a la espera de soluciones a largo plazo.
El patrón se repite en los hogares distribuidos en los distintos sectores afectados. Los sismos del 24 de junio fracturaron las bases de viviendas que hoy muestran desprendimiento de paredes, fracturas importantes de las uniones y pérdida de verticalidad en sus muros divisorios.
Si bien han contado con el apoyo en insumos, alimentos, medicamentos y evaluaciones de salud por parte del monitoreo constante del equipo de Cáritas en Puerto Cabello, a la fecha, primero de julio, la comunidad reporta que las demás evaluaciones se han limitado a inspecciones visuales y notificaciones de riesgo por parte de comisiones de los Bomberos, la Cruz Roja, sumadas a los recorridos de supervisión de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), siendo estos los últimos desplegados en el sector Libertador.
Solidaridad para el día a día, vacío en la infraestructura
Mientras se esperan las soluciones habitacionales estructurales, la contingencia humana es atendida en el terreno por la sociedad civil. Cáritas Venezuela y la Cruz Roja Seccional Puerto Cabello han desplegado operativos para mitigar las carencias inmediatas en comunidades como Miquija y La Quizanda.
A través de estas jornadas, las familias han recibido entrega de ropa de cama, sábanas y toallas para acondicionar los espacios de refugio temporal, kits de higiene personal, dotación de alimentos y valoraciones de salud directas por el equipo de Cáritas para monitorear las condiciones sanitarias de niños y adultos mayores.
La asistencia humanitaria ha logrado estabilizar las necesidades inmediatas de alimentación y salud; sin embargo, no puede sostener las viviendas gravemente agrietadas. Al primero de julio, el clamor de Goaigoaza es uno solo: se necesitan respuestas concretas antes de que las lluvias o una nueva réplica pongan en riesgo letal al pueblo.