“Antes de la operación, no podía ni salir a tomar un café porque no podía tragar. Pero hoy estoy aquí para que la gente vea que hay cosas que se pueden solucionar", expresó la paciente
Salud.- El Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona ha logrado un nuevo hito médico al cambiar la vida de Carmen, tras la realización del primer trasplante parcial de cara del mundo procedente de una donante que recibió la eutanasia.
La compleja intervención, en la que participaron cerca de un centenar de profesionales, tenía como objetivo devolver funciones vitales como masticar o gesticular a una paciente con una grave desfiguración facial. La ciudadana necesitaba un trasplante en la parte central del rostro tras sufrir una necrosis de los tejidos faciales provocada por una infección bacteriana causada por la picada de un insecto.
“Antes de la operación, no podia ni salir a tomar un café porque no podía tragar. Pero hoy estoy aquí para que la gente vea que hay cosas que se pueden solucionar. Yo he encontrado una luz”, ha señalado Carmen este 2 de febrero, durante una rueda de prensa convocada en la sala de actos de Vall d'Hebron.
El éxito de la intervención se ha debido, en parte, a la meticulosa planificación del procedimiento, facilitada por el conocimiento previo de la fecha de la eutanasia de la donante. Así lo ha explicado Alberto Sandiumenge, coordinador de Programas de Donación y Trasplantes del Hospital Universitario Vall d’Hebron.
La donante, además de sus órganos, decidió ofrecer también su cara, lo que ha permitido hacer posible esta intervención inédita hasta ahora. “Es una clara muestra de amor y generosidad en su máxima expresión. Sin esperar nada a cambio, la donante nos expresó la felicidad que sentía al poder donar no solo sus órganos, sino también su rostro, y poder de salvar la vida de otra persona”, ha destacado el Dr. Joan-Pere Barret i Nerín, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del centro asistencial.
Para llevar a cabo este tipo de operación, en todos los casos, donante y receptora deben compartir sexo y grupo sanguíneo, así como presentar medidas craneofaciales similares.
Más allá del impacto estético, la desfiguración facial afecta gravemente a funciones esenciales como hablar, comer o ver, lo que puede acabar generando profundas consecuencias psicológicas y sociales. Por ello, se tienen en cuenta también otros criterios como la capacidad de adaptación psicológica de la paciente, su entorno sociofamiliar, el estado cognitivo y la adherencia al tratamiento, además de una evaluación exhaustiva de los antecedentes psiquiátricos.
Una vez autorizada la operación, la Unidad de Impresión 3D del hospital elaboró un modelo tridimensional digital a partir de imágenes obtenidas mediante un TAC tanto de la donante como de la receptora, lo que permitió guiar con precisión a los equipos quirúrgicos antes y durante la intervención.
Después del trasplante, la paciente permaneció ingresada un mes y, actualmente, ya ha empezado el largo proceso de rehabilitación para recuperar funciones básicas. Este tipo de cirugía se considera de máxima complejidad. Se trata de un trasplante de tejidos compuestos donde se trasplantan piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso de la cara.
Finalmente, se conoció que este tipo de intervención puede durar entre 15 y 24 horas. “No se trata solo de poner una ”máscara“ y traspasar tejidos blandos, sino de dar funciones y sensibilidad”, ha remarcado el Dr. Barret i Nerín.