Toda tierra tiene un nombre que la define antes de ser pronunciado, mucho antes de que el mapa la reconociera como la capital del municipio Urdaneta, estas llanuras se entregaban al viento bajo el nombre de Sabana Alta de Sicare
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Urdaneta estado Lara y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).
Toda tierra tiene un nombre que la define antes de ser pronunciado, mucho antes de que el mapa la reconociera como la capital del municipio Urdaneta, estas llanuras se entregaban al viento bajo el nombre de Sabana Alta de Sicare. Era el hogar de los indígenas Sicare, un estirpe que dejó su huella en el polvo y en el agua, hasta que en el lejano 1592, el bautizo de la historia le otorgó el nombre que hoy portamos con orgullo: Siquisique, en honor a la tribu que terminó por sellar la identidad de esta región venezolana.
Pero hablar de Siquisique es, inevitable invocar la memoria de los Ayamanes, los primeros señores de estas tierras. En su lengua, ser Ayamán significaba ser hombre, marido o jefe de familia; una distinción que denotaba la responsabilidad de quien custodia el hogar. Eran ellos quienes, con manos sabias, recolectaban la miel y la cera de los bosques, cazaban en las espesuras y transformaban el fruto de la tierra en sustento y arte.
El paisaje del municipio Urdaneta, no se explica sin el conuco y el cocuy, de las pencas horneadas brotaba el alimento y la bebida espirituosa que celebraba la vida, mientras que de la fibra del dispopo y el sisal nacían los chinchorros donde descansaban los sueños de la comunidad. Sus casas, humildes y cercanas a las aguadas naturales, se transformaron con el tiempo, integrando el ganado menor tras la llegada española, pero manteniendo intacta su esencia espiritual: el Baile de las Turas, ese ritual de gratitud que hoy, siglos después, sigue siendo el cordón umbilical que nos une con lo sagrado.
Hoy, Siquisique nos recibe con un rostro que abraza ambos mundos. Sus cuatro calles principales y sus barrios son un catálogo vivo de arquitectura: allí, las casas de estilo colonial que aún perduran parecen dialogar en silencio con las estructuras modernas, demostrando que un pueblo puede avanzar hacia el progreso sin soltar la mano de sus antepasados. Entre hospitales y servicios que hablan de actualidad, la iglesia sigue siendo el faro de una población que no solo es un destino turístico por sus atractivos naturales, sino un santuario histórico donde el pasado se niega a ser olvido. Contemplar el horizonte desde el Mirador Los Kioscos es, quizás, la forma más honesta de entender la geografía del alma de Siquisique. Allí, donde la tierra se vuelve escarpada y el viento parece susurrar historias antiguas, la mirada se rinde ante un espectáculo de dimensiones bíblicas: la unión sagrada del río Tocuyo con el Baragua.
El agua en el municipio Urdaneta no es solo un recurso; Es una presencia viva, el río Tocuyo avanza como una arteria generosa que nutre los sembradíos, mientras el Baragua, con su cauce imponente de doscientos metros, impone respeto con sus pozos profundos y piedras colosales. Pero más allá de los grandes caudales, la identidad del pueblo se bebe en los detalles: en la transparencia de La Aguaita, donde desde hace casi un siglo la comunidad calma su sed entre leyendas de encantamientos, o en el murmullo cristalino de El Zumbador y los balnearios de Totoremo.
Sin embargo, el espíritu de esta tierra también se eleva hacia las cumbres. Los cerros de Urdaneta no son meras elevaciones; son guardianes de piedra con nombre propio. El Guacamuco, nuestra «Sultana de Baragua», se alza a más de mil quinientos metros como un pulmón húmedo y frío que resguarda, entre senderos estrechos, los ecos de quienes nos precedieron: restos de cerámicas y petroglifos que son las huellas dactilares de nuestra historia. Hay una mística especial en el cerro El Encanto, donde el bosque bajo, parece custodio el silencio de antiguos duendes, y una devoción tangible en la Casa de Piedra. Allí, en esa catedral natural excavada por el tiempo, el aroma de las cosechas se mezcla con el baile de las Turas; es el punto donde la fe y la tierra se hacen una sola en altares que agradecen la generosidad de la naturaleza.
Desde los pigmentos naturales del cerro El Barranco, que prestan su color para vestir las fachadas de las casas, hasta la silueta pétrea del Cerro El Indio, Urdaneta se nos revela como un patrimonio vivo. Es un territorio donde cada quebrada y cada cima cuentan quiénes somos, recordándonos que el verdadero traje de gala de un pueblo es la memoria de su paisaje y el respeto por sus raíces. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Urdaneta, estado Lara!