El párroco del templo, Jesús Díaz, destacó la importancia de esta fecha, que posiciona al país como el único en el mundo que dedica el Miércoles Santo a la reflexión sobre la imagen de Cristo con la cruz a cuestas
Maracay.- La Catedral de San José de Maracay se convirtió este miércoles en el epicentro de una de las tradiciones religiosas más arraigadas de Venezuela, la veneración a Jesús Nazareno. El párroco del templo, Jesús Díaz, destacó la importancia de esta fecha, que posiciona al país como el único en el mundo que dedica el Miércoles Santo a la reflexión sobre la imagen de Cristo con la cruz a cuestas.
Durante la jornada, el representante de la Iglesia Católica explicó que la masiva devoción del pueblo venezolano hacia esta advocación nace de una identificación profunda entre las dificultades cotidianas y el sacrificio divino. Según el presbítero, el Nazareno simboliza a un Dios que asume el peso de los pecados, las preocupaciones y los agobios de la humanidad, lo cual ofrece consuelo a quienes atraviesan momentos de cansancio o incertidumbre.
Además, informó que, por primera vez en la historia diocesana, los espacios de la Catedral de Maracay fueron testigos de la Solemne Ceremonia de la Seña, un rito cargado de simbolismo, fe y tradición que une la tierra con el cielo.
Los canónigos del Cabildo Catedralicio, en comunión con el pueblo de Dios, dieron vida a esta antigua herencia litúrgica que hoy marca un antes y un después en la vida espiritual. “Que este signo de la seña nos impulse a vivir una Semana Santa profunda, reconociendo que, bajo la sombra de su Cruz, siempre hallaremos la victoria”.
Finalmente, Díaz hizo un llamado a la comunidad para que mantengan la fe y la devoción desde sus hogares mediante la oración. Subrayó que esta festividad es una oportunidad para depositar los problemas personales en manos de la divinidad, bajo la premisa de que la bondad de Dios nunca defrauda a sus seguidores. La celebración concluye con el compromiso de la feligresía de acompañar esta tradición que define la identidad espiritual de la nación.