El documento plantea que el mundo estaría entrando en un “tercer orden mundial” donde los recursos naturales vuelven a ser el centro de la competencia entre potencias.
En este sentido, los recursos energéticos y minerales vuelven a ocupar un rol protagónico, no solo petróleo y gas, sino también metales relevantes para cadenas industriales y tecnológicas. Esto se alinea con lecturas difundidas en diversos países, que subrayan la combinación de hidrocarburos y minerales estratégicos como factor de reposicionamiento de Venezuela.
El documento, señala que no se esperan cambios drásticos en la producción de petróleo, gas y minería en el corto plazo, por lo que el canal de materias primas no generaría impactos globales inmediatos. Sin embargo, la evolución política interna, el rol del liderazgo interino de Delcy Rodríguez y la forma en que Estados Unidos gestione su relación con Caracas podrían abrir un rango amplio de resultados, a largo plazo.
Aunque Venezuela concentra enormes reservas, representa por ahora cerca del 1 % de la producción mundial de petróleo, lo que reduce el efecto de transmisión a corto plazo.
El análisis sostiene que el país deja de ser un caso aislado para convertirse en una pieza relevante dentro de una competencia global por energía y recursos estratégicos.