En La Guaira, el estado más golpeado por los sismos y donde más de un centenar de edificaciones se derrumbaron o han sido demolidas, el sector productivo reporta una caída de sus ingresos.
El turismo, la principal fuente de ingresos para sus habitantes, se mantiene casi paralizado en medio de la remoción de escombros y la escasa llegada de visitantes a las playas, aunque la pesca y otras actividades menores empiezan a renacer.
Barbero en casa
Jefferson Zavala, un joven de 27 años que dejó su empleo en una barbería después de los sismos, decidió reinventarse en casa con algunas máquinas de afeitar, tijeras, cepillos, una mesita y un espejo.
Su negocio funciona justo en la entrada de su vivienda que fue marcada con una etiqueta amarilla tras la inspección de las autoridades, lo que advierte de grietas y afectaciones en la construcción, aunque sin riesgo de colapso.
"Yo trabajaba en Maiquetía. Por todo esto que pasó tuve que retirarme, se me hacía incómodo ir al trabajo y empecé en mi casa, nuevamente, de cero, poco a poco", cuenta a EFE Zavala, quien reside en Mare Abajo, una comunidad rodeada de decenas de tiendas de campaña con damnificados.
A diario recibe entre uno y tres clientes a quienes cobra 5 dólares y no los 10 de costumbre o, incluso, "lo que tenga la gente".
"Todavía no asimilo todo esto. Siento que hay varias etapas, que aquí es una etapa, aquí es un mundo y afuera es otro mundo", confesó este joven, quien considera que la mayoría de los sobrevivientes aún están afectados.
De esta experiencia rescata que el trabajar en casa le ha permitido pasar más tiempo con su familia.
Zavala no es el único dedicado al cuidado personal. Como él, hay mujeres que han habilitado espacios para hacer manicura y pedicura dentro de las tiendas de campaña.
Empezar de nuevo
También Edwar Carpio cuenta una historia de resiliencia. A sus 51 años ha levantado de nuevo su venta de verduras y frutas en Mare Abajo. Con algunas tablas, una balanza y cestas, ha logrado reorganizar su negocio.
"Me regalaron esto y aquí empecé otra vez", relata Carpio sobre la tienda de campaña en la que emprendió dos semanas después de la emergencia y donde espera que el Gobierno termine de reparar las paredes de su casa.