Al recorrer las calles de Boca de Uchire, su capital, uno siente el pulso de la historia en cada esquina
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio San Juan de Capistrano y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).
San Juan de Capistrano, la puerta de oriente, el confín donde el estado Anzoátegui abraza al mar y entabla un diálogo eterno con el agua, la laguna y la memoria colonial. Elegir este rincón es tejer con hilos de sal, brisa y misticismo histórico. Pensemos en ese nombre que evoca al monje guerrero, pero trasladémoslo a nuestra geografía caribeña, a la estampa de Boca de Uchire y Boca de Chávez, al murmullo de la laguna de Unare, a los vestigios de aquellas fundaciones efímeras del siglo XVII (como el viejo San Juan de Capistrano del Purguey) y la hidalguía de un pueblo que es custodio de la costa.
La historia de estas tierras es una crónica de fundaciones y desplazamientos, un vaivén dictado por la voluntad de los pueblos originarios Tomuzas, quienes defendieron su territorio con hidalguía frente a los intentos coloniales desde aquel primer asentamiento de 1599. La memoria de este municipio no es estática; es un río que fluye. Desde la efímera Nueva Tarragona de Juan de Urpín hasta la reubicación definitiva de San Juan de Capistrano del Purguey cerca de la desembocadura del río Uchire, la geografía ha sido el escenario donde se forjó, a fuego y sal, el carácter de este pueblo.
Al recorrer las calles de Boca de Uchire, su capital, uno siente el pulso de la historia en cada esquina. Las construcciones de antaño, testigos silenciosos de un siglo XX que transformaron el trueque y la madera por la modernidad de la troncal 9, nos hablan de la capacidad de esta gente para reinventarse. Resulta emblemático recordar la «Casa Amarilla», joya erigida a inicios de siglo pasado por la familia Rojas Villaroel. Aquellas paredes, que hoy lucen su puerta colonial, guardan el eco de cuatro décadas de música y vida social, recordándonos que, en medio de la lucha por la autonomía política lograda finalmente en 1994, siempre hubo espacio para la celebración y el encuentro.
San Juan de Capistrano no es solo un mapa administrativo; es un territorio de contrastes donde la topografía plana de sus calles regulares se funde con la inmensidad de un horizonte que mira al mar. Es un municipio que, al igual que los trajes de lujo que requiere cada época, ha sabido zurcir sus heridas históricas y sus aspiraciones autonómicas con la seda de su tradición y la firmeza de su gente. Hoy, desde esta columna, celebramos la resistencia de sus pobladores y el orgullo de ser, por derecho propio, el umbral donde el oriente venezolano comienza su danza frente a la eternidad del Caribe.
La fe en el municipio San Juan de Capistrano se mide por el amor a su patrón. Su imagen, una talla en madera que data de 1744, es el corazón palpitante de Boca de Uchire. Desde su azaroso rescate en el cerro El Cantón hasta su milagrosa aparición en 1944 cuando se negoció a ser separado de su pueblo tras aquel misterioso percance automovilístico en la vía a El Hatillo, la historia del santo es una crónica de protección divina. Los pobladores, que salvaron su efigie de un incendio en la antigua capilla de bahareque, saben bien que no es solo una talla, sino el alma misma que se niega a abandonar a sus fieles, custodiando siempre el templo que hoy se alza contemporáneo ante la plaza Bolívar.
Pero esta tierra no solo vive de la solemnidad de su historia, sino también del color que desborda en sus Carnavales Turísticos. Todo comienza en enero con el «grito de carnaval», una llamada que despierta a la comunidad y enciende la maquinaria de la alegría. Las semanas previas se transforman en una laboriosa preparación de reinados, comparsas y el emblemático «baile de las luciérnagas», donde las calles se visten de luces y música. Es el momento en que las escuelas, los liceos y el pueblo entero se funden en un desfile de carrozas que es, en esencia, la expresión más pura de su identidad creativa.
Al llegar al final de este recorrido, el municipio San Juan de Capistrano nos entrega su rostro más auténtico, un contraste perfecto entre la espiritualidad profunda de sus procesiones y la efervescencia festiva de sus playas, donde el deporte y el encuentro sellan la fraternidad de su gente. Entre la mística del santo protector y el estruendo festivo de los tambores frente al Caribe, se afirma el carácter de un pueblo que ha hecho de su historia un refugio. Es, en definitiva, una tierra que no solo se cuenta, sino que se vive con la intensidad de quien sabe celebrar su propia existencia como el más valioso de los legados. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio San Juan de Capistrano!