Sebastián porta un casco con linterna, lentes de protección, un chaleco con la bandera venezolana y la insignia de la estrella de la vida, una bandolera y botas impermeables con estampado militar. De su cintura cuelgan unos guantes con su identificación: "S. Corro".
Actualmente está atento en la calle, dispuesto a ayudar en lo que pueda, "desde que empezó el terremoto", dijo Sebastián en una entrevista.
"Yo quiero ser rescatista", expresó Sebastián, quien compartió con brigadistas brasileños, chilenos y estadounidenses, así como los de México.
Su casco, de hecho, está firmado por los mexicanos:
"Para Sebastián, con mucho cariño y respeto de parte de Los Topos".El niño se ve a sí mismo en el futuro como un rescatista profesional que viaje a donde haya desastres para ayudar en operaciones de búsqueda y salvamento, como hicieron 2 mil 786 profesionales de 31 países en Venezuela, según cifras de la ONU,
tras los terremotos, que dejaron más de 4 mil 900 muertos y más de 16 mil 700 heridos."Este es mi nieto, mi nietico, es mi tesoro", dice su abuelo, Cristóbal Corro, de 68 años de edad, con una sonrisa en los labios y en los ojos.
El Cristóbal contó que Sebastián está en proceso de aprendizaje y quiere conformar una brigada escolar de primeros auxilios en su centro educativo.