Patrimonio Cultural de Venezuela: Municipio Anaco, estado Anzoátegui
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Patrimonio Cultural de Venezuela: Municipio Anaco, estado Anzoátegui

El patrimonio de Anaco se resguarda en las pequeñas esquinas que se resisten al olvido
12 de julio de 2026
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Anaco, estado Anzoátegui y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234. del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

Hay ciudades que nacen bajo el designio del subsuelo, pero cuyos verdaderos cimientos se hunden en las raíces de la tierra y en el alma de su gente. Anaco es una de ellas. Ubicada en la majestuosa inmensidad de los Llanos orientales, representa el mismo corazón de Anzoátegui, un punto céntrico donde el mapa parece concentrar sus latidos más vigorosos. Su nombre, cargado de una sonoridad indígena que evoca a los antiguos palenques, chaimas y caribes, nos remite según los cronistas a la protectora copa del bucare arauco, aquel árbol generoso que prestaba su frescura y su sombra en los tiempos originarios. Anaco es, desde su génesis, un refugio bajo la sombra. Aunque el siglo XX la vio florecer con el ímpetu dorado de la explotación petrolera y la instalación de la Mobil Oil Company en mayo de 1944, el verdadero traje de gala de esta ciudad no se tejió en los escritorios de las compañías, sino en las manos de los trabajadores. Fueron ellos quienes, al no encontrar espacio en los campamentos oficiales, sembraron sus esperanzas alrededor, levantando hogares, atrayendo voluntades y dando forma a un centro urbano que desafió las distancias para conectarse con Maturín, Ciudad Bolívar o Caracas.


Caminar por Anaco es recorrer una cartografía de afectos y transiciones. Está la avenida Miranda, nacida al calor de los inmigrantes que hilvanan sus casas a la orilla del camino, hoy vibrante de comercio y vida. Y, por supuesto, la emblemática avenida Zulia, que a inicios de los años cincuenta brotó desde el sur, allí donde un islote de caminos cruzados dibujó una peculiar geometría hexagonal que la memoria popular bautizó entrañablemente como “La Tuerca”. Esa singular placita no solo organizando el crecimiento de un pueblo que se desbordaba de entusiasmo, sino que se convirtió en el umbral de su modernidad.

El patrimonio de Anaco se resguarda en las pequeñas esquinas que se resisten al olvido, aún permanece en pie, desafiando el tiempo frente a la plaza Bolívar, la Bodega de Saúl Campos; un rincón de medio siglo de antigüedad con paredes de barro y techo de zinc que sigue congregando a propios y visitantes con el calor de una casa de familia. Y aunque el Cine Rialto, aquel primer balcón de la ciudad donde la pantalla grande compartía espacio con las mesas de billar y los aplausos de los años cincuenta, su eco de encuentros aún resuena en la memoria colectiva. Pero ninguna herencia está completa sin la fe que la sostiene, en las entrañas de Anaco tarde la devoción a la Virgen del Valle, sembrada en 1953 gracias al fervor del margariteño Cristino Rosas, quien de grano en grano, con contribuciones de los vecinos de Las Parcelas, levantó su primera capilla en la antigua calle Bolívar. Hoy, convertida en un templo majestuoso, sigue siendo el faro espiritual de la ciudad. Allí se perpetúa la promesa eterna de Diego Arteaga, el nativo de Puerto Píritu que cada año rinde tributo a la Patrona de Oriente con un velero de madera labrado por manos artesanas, navegando en un mar de fe que bendice las calles anaquenses.

En el sector Buena Vista, está el cerro Pan de Azúcar, el cual se erige como un altar de piedra y viento, guardianes naturales y arquitectónicos que custodian la memoria colectiva de sus parroquias. Su cima, rodeada de una vegetación de sutil aridez, unas misteriosas piedras monolíticas parecen resguardar un cuarto sagrado donde habita la antigua Cruz de Mayo. Este cerro es mucho más que una formación rocosa; es un símbolo de identidad donde la comunidad se encuentra cada año para celebrar la vida, transformando la altura en un espacio de esparcimiento y fe.

Esa misma conexión con lo auténtico se respira en la entrañable casa del señor Lázaro Campos. En un mundo que a veces olvida el valor de lo antiguo, esta joya de noventa y dos años de antigüedad permanece en pie como un testimonio vivo de la arquitectura de otrara. Construida con la sabiduría de las paredes de barro que regalan un frescor perenne, la vivienda atesora una amplia sala sostenida por palos que simulan columnas, un fogón que evoca sabores de infancia en su parte trasera y un extenso patio donde los árboles conversan con el viento. La parroquia San Joaquín resguarda un misterio único en el país: su famoso volcán de lodo, una Caldera surgida intempestivamente en 1976 con la fuerza de un titán dormido. Este “mene” moderno, donde el gas y la arcilla brotaron con rugido imponente, es el recordatorio viviente de la energía latente en nuestro subsuelo. Una alegría de nuestra geografía que nos invita a contemplar, con absoluto respeto, la fuerza de la tierra viva. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Anaco, estado Anzoátegui! 
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Danfny Velásquez