Patrimonio Cultural: Municipio Libertador, estado Mérida
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Patrimonio Cultural: Municipio Libertador, estado Mérida

Mérida no es solo un destino; es un estado del alma, desde el verdor del parque Chorros de Milla hasta la solemnidad de la Plaza de las Cinco Repúblicas, con el aroma dulce de los dulces abrillantados
5 de julio de 2026
País.- Desde la mirada de la radiodifusión sonora que transmite, difunde, educa y enriquece, en este recorrido turístico, natural, cultural y patrimonial, hablaré del municipio Libertador, estado Mérida y de algunos de sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, publicada en la Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Hoy, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

Al abrigo de este pensamiento, la mirada se posa en el municipio Libertador, el corazón geográfico y espiritual de esta tierra. Contemplar su capital es adentrarse en un poema custodiado por gigantes: una meseta prodigiosa nacida en la confluencia de cuatro ríos que cantan al unísono: el Chama, el Albarregas, el Mucujún y el Milla, abrazados perpetuamente por las Sierras Nevadas y la Culata. Mucho antes de que el acero europeo pisara este suelo, la civilización Tatuy ya sabía que la Tierra tenía alma. Ellos la llamaron Mucu, una hermosa voz que significa “lo más antiguo” y que dejó su eco sembrado para siempre en la toponimia de sus montañas, en la memoria viva de Mucuchíes, Mucurubá o Mucumpiche.


Hay mañanas en las que el primer sorbo de café parece detener el tiempo, mientras el aroma cálido inunda el espacio, se contempla el paisaje y nos recuerda que este mundo no es un escenario inerte que pisamos por descuido; el Universo es un organismo vivo que tarde, que respira y que, a menudo, también nos habla a través de sus silencios y sus tormentas. Somos apenas los guardianes temporales de este templo sagrado, llamado municipio Libertador, custodio de un legado que pertenece a los que vendrán mañana. Bien lo sabe nuestra hermosa Mérida, cuyos valles andinos y montañas han vuelto a sentir el rigor y los embates de las lluvias, recordándonos, entre la niebla y el agua, la fragilidad de nuestra existencia ante una naturaleza que exige ser escuchada, no pide ser dominada, sino protegida con amor reverente.

El paso de los siglos trajo la geometría del damero español. Historiadores como Tulio Febres Cordero, Andrés Márquez Carrero y Roberto Picón Parra han debatido las fechas exactas de su fundación entre 1558 y 1559, bajo la pluma de Juan Rodríguez Suárez. Pero más allá de las actas y las cronologías, Mérida se erigió como un suspiro de piedra y fe. Su Plaza Mayor, hoy Plaza Bolívar, se transformó con los ecos republicanos para convertirse en el epicentro del culto al Libertador. Caminar hoy por su centro histórico es acariciar el tiempo: allí permanecen la Basílica Menor de la Inmaculada Concepción, el Palacio Arzobispal y ese faro de luz que es la Universidad de Los Andes, nacida del antiguo Seminario de San Buenaventura gracias a la visión de don fray Juan Ramos de Lora en 1785.

Como mujer consagrada a las raíces de nuestra tierra y en mi humilde condición de Portadora Patrimonial, entiendo que la historia no pertenece al pasado, sino al latido del presente. Mi compromiso absoluto con el país va más allá de la palabra escrita; es un pacto de amor con la preservación y la salvaguardia de este inmenso patrimonio cultural venezolano que define quiénes somos. Custodiar los duendes de la literatura en la Casa Picón, donde habitó la palabra de Mariano Picón Salas o la artesanía devota en la casa de Juan Félix Sánchez, es recordar que cada piedra y cada tradición son hilos de una misma e indisoluble identidad.

Esta herencia colectiva, resguardada en el catálogo oficial del IPC, cobra verdadera fuerza cuando la hacemos parte del diálogo cotidiano. No se trata solo de la monumentalidad de sus templos o de la simetría de sus casonas de aire colonial, sino del patrimonio vivo que habita en las manifestaciones que dotan de alma a este municipio: la devoción popular, los cantos que desafían el frío de la montaña y la memoria oral que viaja a través de las ondas hertzianas. Al difundir estos saberes, la radio educomunicativa se transforma en ese puente necesario que abraza la tradición y la proyecta hacia el futuro, asegurando que el eco de nuestros ancestros no se diluya en la distracción de la modernidad, sino que permanecerá como un faro de resistencia cultural para las nuevas generaciones.

Mérida no es solo un destino; es un estado del alma, desde el verdor del parque Chorros de Milla hasta la solemnidad de la Plaza de las Cinco Repúblicas, con el aroma dulce de los dulces abrillantados y el calor de una buena pizca andina nos recuerden siempre la riqueza de nuestro suelo. El Universo nos regala un paisaje que los merideños han sabido honrar con su activo turismo y, sobre todo, con su mayor tesoro: el trato amable, la sonrisa noble y esa inquebrantable vocación de servicio que no se apaga ni con las neblinas más densas. ¡Visitemos, preservemos, salvaguardemos/salvaguardiemos los elementos naturales, culturales y patrimoniales del municipio Libertador, estado Mérida. ¡Ciudad de los Caballeros!
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Danfny Velásquez