La casa fue modificada o intervenida muchas veces, de acuerdo al fin para el que estuviera destinada
Opinión.- La semana pasada recordábamos que recientemente se cumplieron los 46 años del decreto que declaró a la “Casa de La Estrella” como monumento histórico nacional en tiempos de la presidencia de Herrera Campins.
En la casa, ubicada en la esquina de la calle Colombia cruce con avenida Soublette, funcionaron el Hospital San Antonio de Padua que luego se llamó “Hospital de Caridad”; el Colegio Federal de Primera Categoría, génesis de la Universidad de Valencia; y dos congresos con nuestra ciudad como capital de la República. Fue el único hospital de la ciudad hasta que en tiempos del general Joaquín Crespo, como presidente, y Félix José Mora, como presidente de estado, se construyó, por fin, un hospital con modernos criterios; el llamado “Hospital Civil”, en terrenos que hoy son ocupados por el “Palacio de Justicia” en la calle Cantaura.
Pero la casa, que todavía nadie llamaba “de La Estrella” continuaba siendo centro de salud. Tenemos en nuestra colección un interesante oficio del Concejo Municipal de Valencia, del año 1905, hace 121 años, donde se nombra “ayudante del médico del Hospital de Caridad” al joven Medardo Medina, recién graduado de bachiller en el entonces afamado “Colegio Requena”. En aquellos tiempos casi no había enfermeras, y los médicos eran asistidos por los “ayudantes” o “practicantes”, que querían estudiar. En efecto, ante el cierre de la Universidad de Valencia por Cipriano Castro, el tío Medardo viajaría a Caracas donde se graduaría de médico y sería un famoso venereólogo, quien en 1946 sería el precursor del uso de los antibióticos (penicilina) en Venezuela contra las enfermedades venéreas.
Con el tiempo, al lado de la Casa de La Estrella se construiría otro centro de salud, conocido como “la Casa de la Beneficencia”, o simplemente “La Beneficencia” a secas; y, más tarde, otro edificio en su lindero Sur, por la calle Colombia, donde funcionaría el Oncológico de Valencia. Todos estos edificios daban a un patio común por el que se comunicaban entre sí.
Ya en la primera mitad del siglo XX, la utilidad que se le dio al edificio del Hospital de Caridad, dejó de ser de centro clínico, pero sin perder su fin social; se empleó de sede de “La Casa del Niño” donde, entre otras cosas en favor de la infancia, funcionaba el programa de “la gota de leche”, con la finalidad de tratar de remediar la desnutrición infantil.
La casa fue modificada o intervenida muchas veces, de acuerdo al fin para el que estuviera destinada. Se le cambió el lugar de la puerta de entrada, que originalmente era en la esquina, clausurando esta entrada y abriendo otra más hacia el oeste por la calle Colombia. Tenía originalmente una entrada desde la calle directo a la capilla. Se colocó un relleno para poner todos los pisos a un mismo nivel. Posiblemente estas alteraciones fueron hechas en tiempos del gobierno del Gral. Eleazar López Contreras cuando se ejecutó el programa de “la gota de leche”. En algún momento las columnas, que eran cilíndricas, se sustituyeron o modificaron por unas cuadradas. El coro en alto y la escalera para acceder a este, también desaparecieron. La pila que recibía agua por medio de una acequia que venía desde el oeste fue tapiada y estuvo sepultada por muchos años. Al fondo, en el lindero sur, estaba el cementerio. El historiador Luis Cubillán Fonseca me comentaba que existía una pieza donde los difuntos eran sumergidos en cal, para que sufrieran un proceso de “saponificación”, que descompone la grasa del cadáver, deteniendo la putrefacción bacteriana. Deshidratado así el cuerpo, se evitaba la descomposición natural y el mal olor.
Con el paso del tiempo, el viejo edificio del otrora Hospital de Caridad había perdido todo su brillo. Se encontraba cada vez más deteriorado. Goteras, comején y falta de mantenimiento le daban un estado casi-ruinoso y la única función que tenía en los años setenta del siglo pasado era como un lugar de depósito del vecino Hospital Oncológico.
Es así que llegó el momento en que el venerable edificio era despreciado como una casa vieja e inúti,l y estuvo a punto de ser demolido. Eso, en la próxima entrega, y cómo se salvó.