Cuando se habla del estado sensorial del bebé que crece y se desarrolla en el vientre materno desde la concepción, durante 266 días, a muchos les resulta difícil creer que el nonato pueda estar equipado con los mismos sentidos de un adulto
Opinión.- Cuando se habla del estado sensorial del bebé que crece y se desarrolla en el vientre materno desde la concepción, durante 266 días, a muchos les resulta difícil creer que el nonato pueda estar equipado con los mismos sentidos de un adulto. Este error parte de un minucioso estudio realizado en 1885 por Wilhelm Preyer, eminente fisiólogo alemán, titulado La motilidad y la sensibilidad embrionaria, investigación que concluye señalando que la vida del feto estaba aislada y poco influenciada por la actividad sensorial.
En su opinión, el investigador estaba seguro de que el útero era un lugar oscuro y los bebés eran indiferentes a los tonos de negro. Preyer dudaba que, incluso en los dos últimos meses del embarazo, el feto tuviera la oportunidad de sentir disgusto o alguna razón para despertar.
Esta disciplinada evaluación de los sentidos fetales, basada en principios científicos y realizada por una reconocida autoridad alemana, ilustra lo difícil que era hace más de cien años descubrir la verdad sobre la vida prenatal. Si bien ninguna de las afirmaciones de Preyer resultó ser cierta, se consideraron “científicas” y causaron una fuerte impresión en la medicina occidental y en las nuevas especialidades de pediatría y obstetricia.
Durante el siglo XX, los científicos escépticos seguían considerando que los sentidos de un bebé en el útero no estaban desarrollados, o no eran completamente funcionales o, lo que es más importante, aún no podían ser significativos debido a la inmadurez del cerebro fetal.
Viendo esta realidad en retrospectiva, se puede afirmar que ese poco interés por los sentidos fetales conjuga una mezcla de prejuicios científicos, como la ausencia de un conocimiento real de la vida en el útero, así como la negación de cualquier nuevo descubrimiento que contradijera el paradigma imperante, ese en el cual todo comportamiento inteligente debe esperar a que ocurra el desarrollo cerebral.
Con el albor del nuevo milenio se ha generado una comprensión real de los bebés, gracias al aumento de instrumentos de medición fiables, como la ecografía, y al fortuito aumento del trabajo en equipo interprofesional, a menudo necesario para realizar investigaciones prenatales.
Como resultado, ahora existe un reconocimiento general de que al menos algunos sentidos humanos están listos y funcionando antes del nacimiento. Sobre esta temática estaremos analizando en los próximos encuentros, el inicio temprano de los sentidos en los bebés intrauterinos y su importancia para establecer una armónica relación con sus padres.
Gonzalo Medina Aveledo PhD Ciencias Médicas
Médico Obstetra
Investigador de las emociones maternas
Ig. @armoniafetal