Esa primera célula del bebé tiene la facultad de transferir un gran poder a todos aquellos que se originen de ella
Opinión.- La magia de la primera célula del bebé intrauterino lleva la huella cromosómica que se identifica con la de otros miembros de la especie humana, de esa gran familia a la que tú también perteneces.
Esa primera célula del bebé tiene la facultad de transferir un gran poder a todos aquellos que se originen de ella, otorgándoles los mismos mensajes e instrucciones para la realización del proyecto que da sentido a la vida.
Si cada célula es una especie de microcosmos holístico que refleja el universo que lo contiene todo, ¿tendrá algún modo de pensamiento? Creemos que sí. Este sería, un pensamiento primario y vibracional que va a memorizar todas las etapas del desarrollo posterior, conteniendo toda una programación ya establecida para el futuro, asociada a la de todas las especies que llevamos dentro, siempre buscando la evolución filogenética e integrándola en nuestra realidad.
El líquido amniótico es la mejor evidencia, guardando la memoria de la vida acuática ancestral, junto con un elaborado programa evolutivo en el que domina el cerebro. El caso es que el bebé intrauterino es totalmente dependiente de él tanto para sus necesidades vitales y emocionales como para ese cúmulo de sensaciones, impresiones, emociones e interpretaciones del pensamiento desde el comienzo mismo de su vida y, aunque la ciencia y la medicina todavía no lo admitan ni lo comprendan, somos seres de energía con una vibración cuántica presente desde el inicio de la vida.
Mucho antes del desarrollo anatómico y fisiológico del cerebro, el guion de la vida se inscribe con tinta invisible, con palabras inefables y con vibraciones muy presentes y ancladas en el gran libro de la memoria. Su contenido se transcribirá, entonces, en frases, cuando esa computadora cerebral tome el control para reintegrar todas sus raíces.
Esto lleva a pensar que él bebé intrauterino, desde etapas muy precoces, absorbe vibracionalmente, como una esponja que flota en el vientre de la madre, sus emociones al reaccionar a los acontecimientos y a las personas de su entorno, generando, así, ecos dentro de su propia historia heredada de su clan familiar, pero, además, está lleno de emociones que le son propias, generadas por sus reacciones a todo lo que percibe, construyendo toda una cascada de impresiones que se traducirán y permanecerán posteriormente en su memoria, reactivándose, eso sí, en situaciones posteriores.
No olvidemos que, en los albores del desarrollo aún incipiente de sus cinco sentidos, también están escritas con tinta indeleble su tristeza, su desesperación, sus ansiedades y culpas, y sus sentimientos de injusticia.
Gonzalo Medina Aveledo
PhD Ciencias Médicas
Médico Obstetra
Investigador de las emociones
maternas
Ig. @armoniafetal