Cita con la Historia: El atentado contra Páez en 1820
Resulta que un teniente coronel patriota, Tomás Villasana, quien operaba en aquellos llanos, fue contactado por las autoridades realistas de San Carlo
Opinión.- Mucho de lo que en ciento cincuenta años se ha escrito sobre José Antonio Páez se ha basado en su autobiografía. Importantes pasajes de su vida o de sus aventuras que el propio Centauro omitió, o no quiso referir en sus memorias, permanecen en la penumbra, pese a que nos las narran personajes que estuvieron junto a él, como muchos oficiales británicos, y otras las encontramos en los documentos de la época. Una de estas es el atentado que los realistas planearon para acabar con su vida en 1820.
Eran mediados del año. Páez seguía siendo el dolor de cabeza de Morillo y los otros jefes realistas que no podían con los movimientos del llanero y sus lanceros. El “Correo del Orinoco” número 99, tomo IV del sábado 31 de marzo de 1821, nos trae un resumen del sumario judicial llevado al efecto con las declaraciones de los testigos.
Resulta que un teniente coronel patriota, Tomás Villasana, quien operaba en aquellos llanos, fue contactado por las autoridades realistas de San Carlos, quienes le propusieron asesinar a su jefe, José Antonio Páez. Le habrían ofrecido como recompensa dinero, el cargo de “Juez del Llano” y algunas otras prebendas. Los realistas lo tuvieron escondido en San Carlos, hasta que le llegó el indulto de Caracas y quedó hecho el trato.
Entre las declaraciones judiciales están las del cabo Agustín Farfán y el sargento José Bello, José Pantoja, Gómero Patricio Sánchez, Facundo, Pablo Herrera y Juan José Ravago, quienes refieren que Villasana llegó a hablar abiertamente de su plan de apuñalear a Páez, lo que confesó frente a varios otros testigos. Se descubrió que Villasana había sido indultado por las autoridades realistas y había recibido el cargo entre las fuerzas monárquicas.
El plan del sicario era sencillo, según confesó él mismo en el tribunal: Se introdujo en el campamento de Páez a eso de las nueve de la noche y acudió a una casa donde sabía que iría de visita su víctima, dejando su caballo amarrado muy cerca para el escape entre las penumbras, luego de consumado el asesinato. Pero la guardia estaba prevenida y, al detenerlo, le encontraron el enorme puñal escondido entre sus ropas.
En comunicación a Santander, Páez se refiere al atentado así:
“Si la fatalidad me hubiera entregado a las manos de mi verdugo, los españoles aplaudirían mi muerte y no dudarían numerarla entre sus viles hazañas, pero la Patria tendría nuevos héroes, nuevas columnas que a un tiempo mismo vengarían el ultraje y harían ver al mundo que tiene muchos hijos capaces para cuanto ella exige”.
En Achaguas se constituyó el tribunal militar que sumariamente enjuició al traidor y la condena unánime fue muerte en la horca.
Según la versión que Páez le da a Santander en comunicación oficial, el detenido, pese a que estaba asegurado con grillos, trató de desarmar al centinela, quien, para defenderse, hirió de varios bayonetazos al sentenciado, lo que le causó la muerte.
Llama mucho la atención que, en su autobiografía, Páez ni siquiera menciona al protagonista de este atentado, menciona a otro comandante Villasana, a quien tuvo que fusilar en 1818 por saqueador y a un Mateo Villasana, en 1819, en la acción de Las Queseras del Medio.
@luishmedinac