Llegada, de manera rauda, nuestra etapa de adultez, abrazamos la fuerte convicción de la política como camino para la obtención del bien común
Opinión.- Recordamos, con nostalgia, aquellos días de
Navidad que colmaban nuestros primeros años. Estábamos plenos de ilusiones de indudable carácter mágico, sin importar que se fuesen a concretar. En definitiva arribaba esa insustituible época donde los sueños no capitulaban al despertar, sino que continuaban su indetenible marcha y ubicados, perfectamente atesorados, en algún privilegiado pasaje de nuestras almas. A esa corta edad, el singular dilema consistía en como poder administrar aquella alegría que nos hacía vibrar. Vivíamos una historia menuda, sencilla pero inolvidable. Indudablemente, hablamos de un acto de plena
fe que se reflejaba en la sempiterna costumbre de enviarle una breve, pero sentida misiva al
Niño Jesús, a ese
Mesías que guía nuestro sendero y custodia celosamente nuestros deseos y anhelos. Fue
Isaías, el primer profeta que anunció
la llegada de nuestro Salvador, del Cristo Glorioso, imagen viva de Dios, de nuestro Señor y Redentor. Tanto amó Dios al mundo que envió a su hijo unigénito a sacrificarse por nosotros para darnos la oportunidad de creer, porque aquel que lo haga, aunque muera, vivirá para siempre.
Jesús nos trajo un estremecedor mensaje de amor y perdón, indicándonos que se convirtió en el insustituible intermediario entre nosotros y su
Padre todopoderoso enseñándonos, como único alegato, la herramienta de la oración. Ahora bien, es de dominio público nuestro apoyo irrestricto a la revolución bolivariana desde su inicio y nuestra lealtad absoluta al
Comandante Chávez y al
presidente reelecto Nicolás Maduro Moros. Llegada, de manera rauda, nuestra etapa de adultez, abrazamos la fuerte convicción de la política como camino para la obtención del bien común, por ello reeditamos el similar ejercicio de que aquellos pasados, añorados años y así enviarle, con mayor devoción, al
Niño Jesús unas sucintas líneas donde vienen expuestas las más firmes aspiraciones de la inmensa mayoría de los venezolanos. En un país asediado económicamente por el insolente e inaceptable dictado extranjero, con la abyecta anuencia de un reducido grupo de connacionales, que, de manera estéril, aspiran a reducir al ciudadano con la irracional aplicación de un sumario de sanciones que portan como único objetivo la capitulación y rendición de este indómito pueblo, pero hemos tenido como diario protector a nuestro presidente
Nicolás Maduro, quien con su inquebrantable sacrificio, con su indeclinable compromiso ha ido derribando cada uno de los incisivos obstáculos a través de un esfuerzo inédito y nunca visto en la historia contemporánea de la patria, comparable a la gesta emancipadora. Ha sido una ardua y titánica labor hacerle frente a la sofisticada estrategia de socavar el alma y espíritu del
venezolano y construir, bajo ese demoledor esquema, el país que todos anhelamos. Y después de este gigantesco esfuerzo para recuperar todo lo que nos arrebataron por vías criminales, se presentan nuevas amenazas, son los mismos actores, los
Estados Unidos de América y su pandilla de descubiertos apátridas. Pero esta oportunidad nos encontrará blindados porque nuestro presidente
Nicolás Maduro tiene todos los alegatos y la fuerza para evitar el incesante daño al pueblo venezolano. Por ello retornamos al celestial envío de la carta al
Niño Jesús y le pedimos, de manera encarecida, una oposición diferente, una oposición crítica.
El presidente Maduro ha sido el principal promotor del diálogo porque lo concibe como el necesario mecanismo para tratar asuntos de interés nacional. Una oposición que acompase la consolidación definitiva de está venerada patria. Es la oposición que aguarda el colectivo nacional, que reconoce, con plena autonomía, la existencia de los ineludibles signos de la institucionalidad, el reconocimiento de las autoridades electas por el indiscutible pronunciamiento popular a través de transparentes comicios electorales y teniendo como insustituible arma al sufragio. Se solicita una oposición que se distancie y desligue de prácticas sediciosas promovidas por una verdadera
“banda de montoneros” que carecen de arraigo y de bandera, enceguecidos por tomar el poder sin pueblo. Es el requerimiento de una oposición con serias y objetivas propuestas. Finalizamos pidiendo al
Niño Dios una oposición sin cartas ocultas y cuyo supremo interés sea la optimización de la calidad de vida del común y el porvenir de
la patria venezolana, ese mismo ferviente territorio que ansía poder vivir en paz para que la esperanza se mantenga en el corazón de nuestro pueblo, paz para que nuestro
presidente reelecto Nicolás Maduro continúe su infatigable jornada por devolver a nuestro país lo que arbitrariamente nos arrebataron. Sencillamente te pedimos paz, adorado
Niño Dios.
Luis Vargas Pizzolante
Profesor Universitario
Analista político