El Estado venezolano ha trazado una ruta caracterizada por el pragmatismo económico, la firmeza diplomática y la búsqueda de acuerdos que garanticen la tranquilidad del pueblo
Opinión.- Venezuela atraviesa un momento crucial en su historia contemporánea. Tras años de arremetidas externas, asedio financiero y tensiones políticas inducidas, la realidad hoy apunta a la recomposición institucional y la afirmación inapelable de nuestra soberanía nacional. Bajo la conducción de la presidenta Delcy Rodríguez, el Estado venezolano ha trazado una ruta caracterizada por el pragmatismo económico, la firmeza diplomática y la búsqueda de acuerdos que garanticen la tranquilidad del pueblo.
El escenario actual entonces hay que verlo como el resultado de la madurez de un pueblo que ha decidido dirimir sus diferencias por las vías institucionales y de un Gobierno que ha sabido convertir el asedio en una oportunidad histórica para fortalecer las capacidades productivas internas y redefinir su inserción en ámbito global. Por ello, consideramos que la profundización del diálogo nacional y la necesaria adecuación del marco legal para la convivencia; así como el triunfo de la soberanía alimentaria presentado ante las Naciones Unida; la consolidación de alianzas estratégicas multipolares y la postura en defensa de la Guayana Esequiba, son pilares importantes en este momento.
Diálogo político
El ejercicio de la política en democracia exige la permanente capacidad de escuchar, rectificar y convocar. Por ello, la propuesta de reforma parcial a la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia —enviada en días pasado por el Poder Ejecutivo a la Asamblea Nacional— constituye un hito político en la consolidación de la paz social.
La ley, concebida en momentos de alta polarización para contener flagelos que amenazaban la integridad de la nación, cumplió una función histórica de preservación del orden social. Sin embargo, los tiempos políticos exigen herramientas jurídicas que reflejen el nuevo clima de tolerancia y reencuentro que vive el país. La iniciativa impulsada por la presidenta Delcy Rodríguez atiende al clamor de diversos sectores políticos, sociales y académicos que solicitaban revisar mecanismos normativos para garantizar un debate público plenamente incluyente.
Este paso se suma a la agenda amplia de diálogo nacional que ha permitido instalar mesas de trabajo con la participación de varios sectores de la oposición. El espíritu que anima esta reforma es garantizar que la contienda política se desarrolle en los cauces estrictamente constitucionales.
La apertura hacia la revisión de credenciales en los órganos del Estado y la democratización del acceso a los medios digitales demuestran que el Gobierno nacional actúa desde una fortaleza política y amparado en un diálogo donde prevalezca el interés de la nación por encima de las parcialidades.
Victoria de la soberanía alimentaria
Durante la reciente intervención de la delegación venezolana ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), fue presentado un dato que desmonta el relato catastrófico construido desde los centros de poder trasnacionales: la reducción drástica de la inseguridad alimentaria a un 5,3.
Este indicador representa el triunfo de un modelo de resistencia agroalimentaria construido en medio del estrangulamiento económico provocado por las medidas coercitivas unilaterales. Cuando se impusieron bloqueos destinados a paralizar las cadenas de distribución e importación, el pueblo venezolano, junto al Gobierno Bolivariano, respondió con la reactivación del campo, el fortalecimiento de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción y el impulso a la pequeña y mediana industria agroindustrial, lo que se traduce en la estructura de un sistema de producción interna capaz de garantizar el alimento a las familias venezolanas con esfuerzo nacional.
El logro reconocido en el marco de las Naciones Unidas confirma que las políticas de soberanía agrícola adoptadas por el Ejecutivo han rendido frutos sólidos. El paso de la dependencia alimentaria a la autosuficiencia casi total en rubros fundamentales evidencia que el trabajo del campesinado venezolano, respaldado por incentivos del Estado y alianzas con el sector agroproductivo privado, es el motor real de la recuperación del país.
Lazos estratégicos con China y Vietnam
En el ámbito internacional, el Gobierno de la presidenta Delcy Rodríguez continúa consolidando una diplomacia soberana de paz, enmarcada en el surgimiento indetenible del mundo multipolar. Las recientes jornadas de trabajo diplomático destinadas a revisar y elevar el nivel de la cooperación bilateral con las repúblicas populares de China y Vietnam reafirman que Venezuela no está ni estará aislada.
Por ejemplo, la relación con la República Popular China sobrepasa el ámbito comercial tradicional para convertirse en un eje de desarrollo compartido. Los acuerdos revisados abarcan transferencia de tecnología aplicada a la modernización de la infraestructura eléctrica, las telecomunicaciones y la salud pública, entre otros de carácter energético y financiero.
Con la República Socialista de Vietnam, Venezuela avanza en la concreción de más de 30 instrumentos de cooperación en sectores como el desarrollo agrícola, el intercambio de experiencias en movilización social y la tecnología pesquera. Vietnam, un ejemplo mundial de desarrollo agrícola e industrial tras décadas de guerra, aporta su valioso conocimiento técnico para optimizar la producción arrocera y acuícola en las llanuras venezolanas.
Firmeza soberana sobre la Guayana Esequiba
En materia de soberanía territorial, la posición de Venezuela es categórica, diáfana e inamovible: nuestra patria no reconoce ni reconocerá la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para resolver la controversia sobre la Guayana Esequiba, ni acatará fallo alguno que emane de dicho tribunal.
Por ello, seguiremos rechazando el intento de la República Cooperativa de Guyana de judicializar un asunto que debe ser resuelto de manera práctica y mutuamente satisfactoria atenta contra el espíritu y la letra del Acuerdo de Ginebra de 1966, el único instrumento legalmente reconocido por Venezuela.
No debemos olvidar que detrás de la insistencia guyanesa en acudir a la CIJ se esconden los intereses corporativos de trasnacionales petroleras, que buscan explotar ilegalmente recursos energéticos en aguas pendientes por delimitar. La presidenta Rodríguez y el canciller venezolano han reiterado de forma vehemente ante los foros internacionales que la soberanía de la patria no se negocia ni se somete al arbitrio de organismos influenciados por poderes hegemónicos.
Venezuela extiende su mano al pueblo de Guyana para retomar el diálogo bilateral directo en el marco del Acuerdo de Ginebra, pero deja perfectamente claro que la integridad territorial y los derechos históricos sobre la Guayana Esequiba serán defendidos con toda la fuerza constitucional, jurídica y moral de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana y del pueblo unido.
Venezuela ha ingresado formalmente en una etapa de estabilidad, trabajo y horizonte claro. A quienes siguen apostando al colapso de la República, la realidad les responde con hechos innegables: Venezuela camina con pie firme, con sus instituciones y con la certeza de que el destino de esta tierra sagrada lo decidimos únicamente los venezolanos.
Francisco Fonseca. Abogado y político.