Buena Nueva: Cómo corregir
Opinión

Buena Nueva: Cómo corregir

Aun siguiendo el orden que el Señor nos da, el otro puede rechazarla. Cuando somos nosotros los corregidos, si depende de nosotros el buen resultado
5 de septiembre de 2026
Opinión.- Analizando a la luz de Dios la situación moral del mundo, nos damos cuenta que hemos dejado de cumplir la ley de Dios.
Cuando faltamos a la ley de Dios, las cosas salen mal.

Analizando a la luz de Dios la situación moral del mundo, podremos darnos cuenta que hemos dejado de cumplir sus leyes. Y cuando faltamos a la ley de Dios, las cosas salen mal.
 
El Señor nos habla de la corrección fraterna que cita el Evangelio de San Mateo (Mt. 18, 15-20), aplicable tanto al plano espiritual, como a situaciones cotidianas que se nos pueden presentar.

Primer Paso: “Si alguien comete un pecado, amonéstalo a solas”. Segundo Paso: “Si no te hace caso, hazlo delante de dos o tres testigos”. Tercer Paso: “Si ni así te hace caso, díselo a la comunidad”. Cuarto Paso: “Si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él”.

La experiencia nos muestra que cuando corregimos de una manera distinta a este orden que nos indica el Señor, se crean problemas, pues el corregido se siente atacado injustamente. Si alteramos el orden y hacemos el segundo o tercer paso de primero, se interpreta como un chisme.
 
“Apartarse de él”, no significa despreciar a la persona. Significa no aprobar sus proposiciones, ni sus caminos. Podría significar, “sacudirse el polvo de las sandalias” (Mt. 10, 14), como también aconsejó Jesús a sus discípulos para cuando no fueran escuchados.

Hoy no corregimos por miedo al rechazo, a perder popularidad, a ser tachados de intransigentes o por miedo al conflicto. Aquellos que teniendo responsabilidad para con otros, no corrigen, corren el riesgo de ser ellos mismos amonestados por Dios por no cumplir su responsabilidad. Especialmente importante para los padres que temen corregir a sus hijos por miedo a no ser queridos por ellos.

El Señor es muy severo al respecto. “Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré cuenta de su vida. En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida” (Ez. 33. 7-9).

Aun siguiendo el orden que el Señor nos da, el otro puede rechazarla. Cuando somos nosotros los corregidos, si depende de nosotros el buen resultado. El dejarse corregir es un deber tan importante, como corregir.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Isabel Vidal de Tenreiro