Cita con la historia: Los caprichos de la marquesa
Opinión

Cita con la historia: Los caprichos de la marquesa

En la ciudad el general Morillo fue alojado en la mejor casa de la ciudad, considerada por algunos casi un palacio. Se trataba de la residencia de María Josefa Isabel de Hoyos y Hoyos, la marquesa de Torrehoyos
4 de septiembre de 2026
Opinión.- El general Pablo Morillo llegó a Carúpano y Margarita con su expedición “pacificadora” y una enorme cantidad de oficiales y soldados. Pasó por Venezuela, donde ya Boves había destruido a los republicanos y fue a Nueva Granada para pacificar y reducir a los independentistas. Luego de tomar Cartagena a finales de 1815, Morillo y los suyos llegan a principios de 1816 a la bella población de Monpox, a orillas del río Magdalena, al oeste de Cartagena.
 
En la ciudad el general Morillo fue alojado en la mejor casa de la ciudad, considerada por algunos casi un palacio. Se trataba de la residencia de María Josefa Isabel de Hoyos y Hoyos, la marquesa de Torrehoyos, una adinerada viuda, que no había llegado todavía a los cuarenta años, que simpatizaba con la causa realista.
 
La mujer era interesante; un oficial la describió como esas mujeres que “llaman la atención por su garbo y hermosura. Joven todavía, pues lo mismo podría tener treinta que cuarenta años, había quedado viuda y dueña de una fortuna inmensa”.

Su carácter de aristócrata era evidente, el mismo oficial dijo: “se mostraba altiva e inabordable. Al general en jefe lo trataba como una reina a uno de sus súbditos”.

Luego de permanecer unos veinte días alojados en el palacete de la marquesa, les correspondía seguir su camino. Los regios oficiales suspiraban por la bella millonaria, pero su altivez les cortaba cualquier aspiración.

Se celebró un excelente banquete para despedir a los militares, en el cual Morillo, agradeció a la marquesa todas las atenciones recibidas y se puso a sus órdenes, diciéndole que le podía pedir cualquier cosa que necesitase.
 
-General, quiero pedirle algo, pero necesito que antes, para no sufrir un desaire, me prometa que me lo va a conceder, dijo la bella mujer. ¡Concedido, señora! ¡No faltaba más! dijo el caballeroso general.

-Quiero que le dé licencia definitiva al teniente Juan Antonio Imbrechts. La doña se refería a un joven oficial rubio y apuesto de origen holandés, que formaba parte de las tropas de Morillo.

El general, extrañado le preguntó a la dama: - ¿Y se puede saber para qué desea usted a mi oficial? ¿Acaso para mayordomo?
- No señor, lo quiero para mi marido.
 
Morillo en un primer momento pensó que se trataba de una burla o un juego y algo molesto insistió en sus dudas con la marquesa, quien insistió y el general hizo llamar al joven para dilucidar qué papel jugaba en todo esto. El resto de los oficiales tenían tiempo comentando en la forma en que la marquesa miraba a Juan Antonio, pero parece que el teniente fue el único que no lo notaba. Cuando Morillo exclamó su sorpresa por el idilio, la marquesa lo negó con estas palabras:

“Está usted equivocado, general -rectificó la dama-. - Ni me ha escrito, ni me ha dicho una palabra. Pero, hace días que a mí me ha entrado el capricho de casarme con él”.

Una vez en presencia de Morillo y María Josefa, el primer sorprendido fue el teniente, quien confesó que no había tenido ningún trato o romance con la doña pero no dudó en aceptar la proposición de matrimonio que hacía la marquesa.

A Morillo no le quedó más remedio que darle la licencia definitiva a Juan Antonio. Según escribe en sus Memorias el coronel realista Rafael Sevilla, quien también formaba parte del contingente. La marquesa imperativamente dijo: “- ¿Le conviene a usted el negocio? Sí o no: no me gusta gastar el tiempo en amoríos. Ya pasó esa época para mí”.

Esa misma noche se celebró la boda, con Morillo como padrino. La novia botó la casa por la ventana, hizo una enorme fiesta en la que invitó a toda la oficialidad y a toda la tropa, y para rematar, le regaló al ejército realista cuatrocientos caballos que les fueron de enorme utilidad.
 
Juan Antonio se convirtió en el administrador de los cuantiosos bienes de la marquesa y aparentemente un buen padrastro, aunque no tuvo hijos con María Josefa, pero el resultado de la guerra les fue adverso y perdieron gran parte de su fortuna.
 
La marquesa murió años después de la guerra, en 1848, en su natal Monpox. Juan Antonio contrajo segundas nupcias y en esta ocasión sí tuvo descendencia. Algunos historiadores sostienen que el matrimonio de nuestros personajes ocurrió un año después de la partida de Morillo.
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Luis Heraclio Medina C.