El consejo siempre será educarte. Si deseas una ventana de apoyo, puedes escribirme al siguiente correo: lyanez@silverypunto.com
Opinión.- Aquí estoy, como cada martes, hasta que Dios lo permita.
Después de muchas equivocaciones con sociedades inadecuadas, he decidido compartir mis aprendizajes derivados de la experiencia y el estudio sobre el tema. Mi experiencia me ha enseñado que un socio debe reunir al menos una de las tres características fundamentales. Si logras una sociedad que reúna las tres, tómate un momento para celebrar, porque estarás en una sociedad ideal:
1. Que aporte capital: es el socio, comúnmente llamado capitalista, que contribuye financieramente.
2. Que dedique su tiempo: este socio está comprometido con el proyecto y siempre dispuesto a aportar horas de su día, sin necesidad de detallar las tareas.
3. Que aporte conocimiento: es crucial no confundir el conocimiento del socio con que el negocio dependa exclusivamente de él. Si esto ocurre, la estabilidad económica estará comprometida si este socio se enferma o sale de vacaciones.
Según el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae), famoso por ser una de las principales escuelas de negocios, las cualidades de un socio son cinco:
1. Integridad y ética: actúa con transparencia y cumple su palabra, poniendo los intereses de la empresa por encima de los personales.
2. Complementariedad: aporta habilidades, recursos y contactos distintos a los tuyos.
3. Capacidad de comunicación: sabe dialogar y resolver conflictos sin ser parte del problema.
4. Visión y valores compartidos.
5. Compromiso y resiliencia: es la actitud que define al socio dispuesto a trabajar duro, asumir riesgos y superar fracasos.
Sin embargo, la parte más difícil de una sociedad no es el tipo de socio que tienes al frente; la verdadera prueba de fuego es preguntarte qué tipo de socio eres tú.
Ser consciente de tu aporte, con debilidades y fortalezas, es parte de las conversaciones difíciles que toda sociedad debe tener. Ese contrato mercantil no debe materializarse por la emoción de pensar que has conseguido a tu alma gemela en los negocios, ni porque sea tu amigo de la infancia o tu familiar de mayor confianza. La sociedad es un pacto profundo y serio, y merece que se respondan las preguntas más complejas antes de iniciar. Por ejemplo: ¿qué harás si el negocio no rinde frutos? ¿Qué estás dispuesto a sacrificar? ¿Qué pasaría si me divorcio, me enfermo o muero?
Estas preguntas son cruciales, porque te ayudarán a definir el carácter de tu socio, y ese es justo el carácter que influye en que un inversionista, banco o proveedor te otorgue una línea de crédito. Has proporcionado el ingrediente clave que define tu potencial de éxito, más allá de tener una buena idea. Ten presente que en el mundo existen muchas buenas ideas de negocio que fracasan por el mal carácter del emprendedor.
Te invito a revisar si tú o tu socio tienen estas cuatro competencias. Si es así, cuentan con el carácter para lograr lo que se propongan:
- Resiliencia ante el fracaso: Permite aprender de los errores sin rendirse, lo cual es clave para superar la adversidad
- Toma de decisiones: Es vital para actuar con rapidez y firmeza en mercados volátiles. Cuidado con confundir el concepto; en ocasiones, no hacer nada es una decisión.
- Liderazgo: Aunque tiene un componente aspiracional, es clave para inspirar confianza en los equipos de trabajo.
- Adaptabilidad: Facilita el cambio cuando las condiciones o las necesidades del consumidor se transforman.
El consejo siempre será educarte. Si deseas una ventana de apoyo, puedes escribirme al siguiente correo: lyanez@silverypunto.com.