En Venezuela, mientras el sector eléctrico sigue siendo el talón de Aquiles de la cotidianidad, existe un “apagón” que duele tanto como la falta de luz, y es el vacío informativo. La opacidad informativa que ha tatuado históricamente a este gobierno
Opinión.- La incertidumbre es, posiblemente, uno de los estados más desgastantes para cualquier sociedad. Ella puede ser desde psicológica, emocional (una variante peligrosa para la salud mental) pasando por científica, técnica, económica y social. En Venezuela, mientras el sector eléctrico sigue siendo el talón de Aquiles de la cotidianidad, existe un “apagón” que duele tanto como la falta de luz, y es el vacío informativo. La opacidad informativa que ha tatuado históricamente a este gobierno.
Mes tras mes, después de “aquel mes”, los ciudadanos escuchan anuncios sobre ingresos petroleros, contratos firmados de nuevas empresas, alianzas con empresas internacionales y promesas de recuperación del Sistema Eléctrico Nacional. Sin embargo, para la familia que pierde sus electrodomésticos, para el comerciante o empresario que debe cerrar sus puertas o para el estudiante que se queda sin conexión a internet en mitad de una clase ¡justamente como yo elaborando mi tesis de maestría! esos titulares no son suficientes. La gente necesita saber, con hechos y datos verificables, qué está pasando realmente con la infraestructura eléctrica. La única notificación cierta que ahora tenemos es la del condominio del edificio, que alerta que una vez se vaya la luz entrará en racionamiento la planta eléctrica por la dificultad y costo del suministro de gasoil.
No se trata de pedir secretos de Estado. Se trata de una necesidad básica de transparencia. Preguntas como las siguientes deberían ser respondidas por Estado venezolano: ¿Cómo avanzan los trabajos de mantenimiento? ¿Cuáles son las fases del plan de recuperación? ¿Será también en tres fases? ¿Por qué, a pesar de los anuncios de inversión, la realidad en los hogares sigue siendo la misma o, en muchos casos, peor? El silencio oficial sobre el estado real de las plantas, las líneas de transmisión o producción y la capacidad operativa del sistema no hace más que alimentar el rumor y la angustia colectiva.
Cuando un gobierno comunica con claridad, genera algo invaluable que es la tranquilidad. Saber qué está ocurriendo, aunque la noticia sea compleja, permite que la ciudadanía planifique y, sobre todo, que entienda que existe una ruta seria hacia la solución. Lo que tenemos hoy es todo lo contrario: una desconexión total entre lo que se anuncia en cadena nacional y lo que se vive en cada rincón del país.
Mención aparte merece el caótico sistema de gestión de cortes. Los mensajes de texto que llegan al azar, muchas veces cuando el corte ya ocurrió o ni siquiera llegan a todos los usuarios, son un símbolo de ineficiencia. Es inaceptable que en pleno siglo XXI la ciudadanía dependa de la suerte para saber si tendrá luz o no. Es urgente, y es una exigencia legítima, la publicación de cronogramas de racionamiento formales, claros y accesibles.
Un cronograma no es un lujo, es una herramienta de vida. Permite que el trabajador programe su jornada, que el enfermo dependiente de equipos eléctricos tome previsiones, que la madre pueda organizar la comida de sus hijos. Un mensaje de texto a destiempo no es información; es una improvisación que nos deja a todos a la deriva.
La recuperación del sistema eléctrico es un desafío técnico monumental, nadie lo duda. Pero ese desafío no puede separarse de la responsabilidad política de informar. La ciudadanía tiene el derecho de conocer el avance de los trabajos. Basta de generalidades y de comunicados vacíos. Los venezolanos merecen respeto, y el primer paso para recuperarlo es dejar de tratar el servicio eléctrico como un misterio.
La electricidad no es un favor que se le hace al pueblo; es un derecho. Y si el Estado realmente está trabajando en la recuperación ¿por qué temer a la transparencia? La oscuridad en la comunicación es el terreno fértil donde crece el descontento. Es hora de encender las luces, no solo en los cables, sino también en la gestión de la información. El país no necesita más promesas firmadas en un papel; necesitamos respuestas claras y un cronograma que respete la dignidad de quien habita este país ¡Basta ya de improvisar!
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