No te arrugues, recibe fuerza, valentía, fe, fuerza divina. Sal a la batalla, llénate de Dios, la victoria está asegurada, Cristo ya la conquistó para ti
Opinión.- Hoy quiero escribirle a tu corazón, a ese lugar desde donde nacen los deseos, los anhelos más fuertes, los sueños, la esperanza y crece esa fe que te hace ser fuerte ante los desafíos, estar de pie y firmes cuando otros arrugan. Quiero despertar tu valentía, aquella que tenías cuando eras niño, peleabas contra gigantes o villanos imaginarios, terminabas gritando de alegría porque eras el ganador, esa valentía que se anidó en ti y a pesar de las mil batallas peleadas aún queda el deseo de una victoria más.
La palabra de Dios dice que el Reino de los Cielos se hace fuerte y los valientes lo arrebatan, aquellos que despertaron su valentía en tiempos difíciles, aquellos que no abandonaron cuando todos desertaban. El llamado de Dios es para un grupo de gente diferente, que, a pesar de las pruebas, dificultades o reveces, permanecen, se vuelven a levantar, se sacuden el polvo, ven a través de la fe, no pierden la fuerza y el coraje, porque perciben que la victoria está muy cerca, saben que lo van a lograr, no han fracasado, solo aprendieron, se re direccionaron, están más claros, más enfocados.
¿Qué tiene este tipo de gente que los hace invencibles? ¿Quién los fortalece? ¿Cuál es la fuente de su fuerza?
Dios no nos ha dado espíritu de temor sino de poder, amor y dominio propio, nos ha dotado de su naturaleza ganadora y conquistadora, para que podamos aceptar sus desafíos y serle útil para sus propósitos. En Deuteronomio 20:8 leemos “Además, los oficiales dirán a la tropa: “El que tenga miedo o le falte el valor, que se marche a casa, no sea que contagie su cobardía al resto de sus compañeros”. Esto es tan válido tanto para mujeres como para hombres, porque vemos en la Biblia que los desafíos de Dios son tanto para unos como para los otros.
Dios le dijo a Isaac “no te vayas de esa tierra, quédate, yo te bendeciré”. Pero había sequía, todos se iban, nadie pensaba en sembrar. Tuvo que ser valiente, creer, accionar, la obediencia es valentía. El hombre sembró en esa tierra y ese mismo año, cosechó al ciento por uno. Necesitas ser valiente para obedecer la voz de Dios. No te arrugues, no te acobardes, los desafíos sirven para quitarte los rivales incrédulos y dejarte el camino libre hacia tu victoria.
David enfrentó a Goliat, todos estaban atemorizados, escondidos, hasta el rey Saúl, pero él era diferente, conocía a Dios, había sido entrenado para ese día, cuando cuidaba ovejas en la montaña, se enfrentaba a osos y leones. Como David, no te arrugues, si eres fiel en lo privado, serás recompensado en público. Dios te está preparando para exhibirte públicamente como su mejor espadachín, su campeón, el proceso de la montaña, las ovejas, los osos y leones, es necesario, para estar listo para una gran promoción. Goliat era su oportunidad y no la desperdició, no te arrugues en el proceso, avanza, llegará tu mejor temporada, recuerda, tiempo y ocasión acontecen a todos.
María, esa virgencita, dejó boquiabierta a los ángeles del cielo, su respuesta fue épica, “hágase con tu sierva conforme a tu voluntad”. Ella no arrugó y el cielo aplaudió de pie, el coraje, la valentía, la fe, la determinación, el amor, la entrega, sobrepasaron las preguntas las dudas, la incertidumbre. Dios busca gente valiente, Dios fortalece a los de espíritu apocado y los hace fuertes, los llena de su espíritu para que digan, “soy fuerte no en mis fuerzas sino en las de Dios”.
No te arrugues es un llamado a despertar en ti el coraje, la valentía y la fe, no importa la edad, Caleb no arrugó a los 85 años, ni María siendo una jovencita, todos creyeron y actuaron. Caleb conquistó Hebrón, Isaac multiplicó su semilla y gobernó sobre esa tierra, María incubó el milagro más grande, a nuestro salvador Jesucristo.
No te arrugues, cualquiera sea tu circunstancia, despierta tu espíritu, conéctate con Dios. Él te dará el coraje y la valentía para mirar de frente a ese problema y sentenciarlo como hizo David con Goliat, para obedecer, aunque otros no lo hagan como lo hizo Isaac, para avanzar hacia tu monte como lo hizo Caleb y para estar dispuesto a ser un recipiente donde se puedan depositar los sueños de Dios que son muy grandes.
No te arrugues, recibe fuerza, valentía, fe, fuerza divina. Sal a la batalla, llénate de Dios, la victoria está asegurada, Cristo ya la conquistó para ti. Ese problema de salud, esa situación familiar, ese problema financiero, legal, emocional, todos los vas a conquistar, en el nombre de Jesús. ¿Estás listo?
Apóstol Julie de Romero
@juliederomero
@ccn.valencia