Julie de Romero: Lo invariable vs. lo variable
Opinión

Julie de Romero: Lo invariable vs. lo variable

La semilla es el otro elemento invariable. Es la palabra del Reino de Dios. Ella es poderosa, su calidad y capacidad se demuestra al crecer en terrenos difíciles
12 de agosto de 2026
Opinión.- Una de las parábolas más conocidas de Jesús la encontramos en Mateo 13:3-23, conocida como la parábola del sembrador. Se encontraba frente a una gran multitud, algunos curiosos, otros eran sus discípulos aprendices y sus enemigos que esperaban un error para inculparlo. Tres tipos de personas, tres formas diferentes de relacionarse con Jesús y el Reino. Ante este escenario cuenta la tan famosa parábola.

Es la historia de un sembrador, cuatro terrenos y una semilla. Hay dos elementos invariables como son el sembrador y la semilla y uno variable, “el terreno”, por lo tanto, es una parábola evaluativa comparativa de un solo aspecto, “el terreno”. Como la biblia dice que el terreno es el corazón del hombre, entonces Jesús estaba descubriendo el corazón de los que estaban presentes.

Los dos elementos invariables de la parábola.

El sembrador es el mismo que cuenta la historia: Jesús, que descendió del cielo para sembrar la palabra de Dios en el corazón del hombre, lo expresó en Marcos 1:38. Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que predique también allí, porque para eso he venido. Las célebres frases de Jesús “mi Padre hasta ahora trabaja y yo también trabajo” y “en los negocios de mi padre me conviene estar”, reflejan la mentalidad de un sembrador que tiene clara su tarea y no cambia a pesar de los diferentes terrenos.

La semilla es el otro elemento invariable. Es la palabra del Reino de Dios. Ella es poderosa, su calidad y capacidad se demuestra al crecer en terrenos difíciles. Con la semilla aprendemos que todo lo que viene de Dios es bueno y de calidad, que todos los hombres tienen la misma oportunidad, que la semilla buscará cumplir su propósito de producir frutos en el corazón de los hombres, que será atacada, resistida, por elementos externos e internos del terreno, que no siempre es valorada, cuidada y aceptada, que a pesar de su poder puede ser inefectiva a causa del terreno.

Lo variable de la parábola es el terreno. Donde se describen tres tipos de corazones.

Gente tipo orilla: Son los de junto al camino que oyen la palabra, pero no la entienden por insensibilidad del corazón, son de corazón duro, como lo expresa Zacarías 7:12. Entonces es fácil para el maligno robar lo sembrado, “las aves se la comen”. El pecado insensibiliza, cauteriza la conciencia, engruesa los sentidos, con dificultad se oye la voz de Dios y hay pesadez para obedecer. Saben que van rumbo a su destrucción, pero siguen el mismo camino del error (Proverbios 23:35).
 
Gente tipo pedregales. Las piedras son cosas no removidas del pasado, argumentos, excusas, presunciones contra la palabra de Dios. La poca tierra indica que son superficiales, por lo que no se toma la palabra como algo determinante. La reciben con gozo, pero es una emoción pasajera; son inconstantes, demasiado livianos, llevados por doquier. La palabra no puede echar raíces porque no invierten en más tierra para darle oportunidad de crecer, entones las aflicciones del día a día o los cuestionamientos de la gente hacen que enseguida se aparten de la palabra. Optan por otras opciones y no por Cristo.

Gente tipo espinas. Solo crecen árboles espinosos como la amargura, la codicia, la envidia, los celos, el odio. Crecen las preocupaciones y el deseo de agradar al mundo, cómo tener lo que ofrece, cómo ser como el mundo es. Crece el engaño de las riquezas, la codicia y avaricia. Ellos sacrifican la palabra, la sepultan, la prefieren muerta, la ahogan porque es incompatible con el mundo.

Gente tipo buena tierra. Son los que tienen deseo de oír la palabra de Dios, hay expectativa, quieren escuchar, que no se pierda nada de lo que se está diciendo, por lo que terminan entendiendo la palabra. Ellos activan el proceso de “Mateo 13:15: oirán con los oídos y entenderán con el corazón, y se convertirán y yo los sanaré”. Oyen con oídos abiertos, reciben la palabra en el corazón, entienden la palabra, hay conversión, sanidad para luego dar frutos al ciento, al sesenta y al treinta por uno.

¿Qué tipo de tierra deseas ser? ¿Es la pregunta que le hace Jesús a cada persona que oye esta parábola? (Juan 15.16). No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca.


Apóstol Julie de Romero
@juliederomero
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Julie de Romero