En América Latina siempre se habló del "dilema trágico" entre dictadura y democracia para explicar el clásico enfrentamiento de derecha e izquierda
Opinión.- Abelardo de la Espriella, "el Tigre", candidato outsider de ultraderecha por el movimiento "Defensores de la Patria", ganó la segunda vuelta presidencial frente a Iván Cepeda, candidato de izquierda, respaldado por el “Pacto Histórico” de Gustavo Petro. Fue la elección más reñida del país en los últimos años, y un proceso además sin el peso de los partidos tradicionales, y apuntalado en el "nuevo populismo" con el uso de los recursos digitales. En Latinoamérica, esta fórmula ha decretado las últimas victorias presidenciales en Argentina, El Salvador, Chile y Honduras. De la Espriella capitalizó la mayoría de los sufragios en Cundinamarca, mientras que su rival Cepeda lo hizo en la capital, Bogotá, en un contexto marcado por la violencia social y delictiva que atraviesa el país.
El ganador ha confiado la vicepresidencia al magistrado José Manuel Restrepo, exministro de Iván Duque, quien promete severas reformas económicas y establecer un «vínculo directo» con el gobierno de Donald Trump. Ello incluiría el manejo de las relaciones con Venezuela, las cuales fueron suspendidas durante cuatro años por Duque y restablecidas por Petro con resultados positivos para el intercambio comercial y la armonía diplomática entre naciones hermanas.
En América Latina siempre se habló del "dilema trágico" entre dictadura y democracia para explicar el clásico enfrentamiento de derecha e izquierda. En los últimos años, los regímenes militaristas han cedido el paso a gobiernos nacidos del sufragio, pero que responden al apoyo político —y no solo institucional— de las Fuerzas Armadas. Este fenómeno, tras la caída de los gobiernos militares del Cono Sur, facilitó en el Perú de Alberto Fujimori (1990) el surgimiento de un nuevo modelo de neoautoritarismo.
La crisis de los partidos, la antipolítica y la expansión de la tecnología digital aplicada al voto han estimulado también el llamado «liderazgo mediático», que se contrapone al tradicional, labrado en ideas y luchas sociales. En los últimos años, la ola populista latinoamericana —impulsada también por las tendencias neofascistas en Europa y Estados Unidos— ha llegado el poder en varios países.
Nayib Bukele: En la elección presidencial de 2019 en El Salvador, la victoria fue para Nayib Bukele, político y empresario de «Nuevas Ideas» (antiguo dirigente del “Frente “Farabundo Martí” para la Liberación Nacional); quién asumió la Presidencia con la propuesta de enfrentar la delincuencia de las «maras» juveniles, construir prisiones de máxima seguridad, gobernar a través de las redes sociales, adoptar la criptomoneda de curso oficial y estrechar la alianza con Estados Unidos. Ya en el ejercicio del poder, impulsó leyes represivas e intervino el Parlamento para cambiar la Constitución y asegurar su reelección; acciones todas que Donald Trump ha tomado como ejemplo de gobernanza, mientras que la prensa internacional lo bautiza como «el dictador cool».
Javier Milei: Economista y presentador de televisión con un discurso que propone una «motosierra» para destruir y reconstruir el Estado; dirige el partido «La Libertad Avanza», pero ganó la elección en Segunda Vuelta en 2023 gracias al apoyo de «Juntos por el Cambio» del expresidente Mauricio Macri y de sectores vinculados a la vieja estructura militar. Más que un amigo, se declara «un aliado familiar de Donald Trump y Benjamín Netanyahu para una “Alianza Internacional Militar contra el Comunismo". Apuesta por discursos agresivos con su conocida frase de combate: "¡Viva la libertad, carajo!".
José Antonio Kast: Abogado, diputado, líder del «Partido Republicano» y candidato presidencial en las elecciones de 2017, 2022 y 2025, cuando resultó electo Presidente. Ha militado en movimientos del conservadurismo, el antiabortismo, el gremialismo y el antiglobalismo de derecha. Gobierna con el apoyo civil y militar de las fuerzas que sustentaron, durante 17 años, la dictadura de Augusto Pinochet.
El reto: Abelardo de la Espriella, polémico abogado (defensor de Álvaro Uribe y Álex Saab, entre otros) y también empresario, gobernará un país que arrastra la lucha guerrillera más larga de Latinoamérica, con desniveles sociales significativos y un combate histórico contra el narcotráfico y el crimen organizado. Cuenta, sin embargo, con el respaldo de la cúpula militar, el apoyo de última hora del "uribismo" y la derecha tradicional, y fijará como prioridad la relación con los Estados Unidos, dado que Colombia y Venezuela son piezas clave en la estrategia geopolítica de Washington en la región. Todo está en la mira.
Por Manuel Felipe Sierra