Por años antes de los enfrentamientos, la relación entre ambos países siempre fue muy fuerte, y mucho más después del 3 de enero
Opinión.- El pasado 4 de julio se conmemoraron los 250 años de la Independencia de EE.UU. UU. y el 5 de julio la Independencia de Venezuela, dos fechas que, dadas las circunstancias, cobran mucha relevancia para ambas naciones.
Esta cercanía en la conmemoración de ambas fechas es significativa porque ahora ambas naciones están unidas en una sociedad que primero estaba signada por enfrentamientos, luego por acuerdos económicos y ahora por la cooperación derivada de los eventos del 24 de junio.
La primera fecha de celebración este año está señalada por un discurso nacionalista del presidente Trump y la segunda marcada por el despliegue de la presidenta encargada, tras el desastre derivado de los terremotos y sus terribles consecuencias para todo el país.
La independencia de Estados Unidos siempre ha tenido mucho significado para Venezuela.
Desde hace años, los venezolanos que viven en ese país han conmemorado esa fecha con mucho respeto y amor, porque esa nación los ha recibido y hecho prosperar.
Y acá en Venezuela, EE.UU. también ha estado siempre muy presente, con sus productos e insumos, incluso en tiempos de las sanciones más rudas y la ruptura de relaciones.
Por años antes de los enfrentamientos, la relación entre ambos países siempre fue muy fuerte, y mucho más después del 3 de enero cuando EE.UU. se convirtió en el “socio estratégico mayoritario” de Venezuela, la relación actual y con la industria petrolera y los aviones para la llegada de muchas empresas más por la industria eléctrica.
Relación significativa
Para Venezuela, la relación con EE.UU. Es ahora mucho más significativo porque la participación de ese país ha aumentado, a tal punto que la reconstrucción, luego de la tragedia del 24 de junio, no será posible sin la cooperación de esa nación.
Tras los hechos del 24 de junio, la industria petrolera no ha sido afectada, y ahora más que nunca se está vendiendo todo el petróleo.
A ello se agrega que el conflicto entre Irán y EE.UU. va a continuar o alargar indirectamente; los precios del petróleo seguirán en subida o no bajarán del todo y eso beneficiará a Venezuela en lo que se refiere a los ingresos.
Lo que viene
Mientras tanto, la economía venezolana enfrenta una encrucijada institucional y financiera.
Entre los efectos del desastre tras los terremotos de junio y las presiones por reformas de mercado, los próximos meses definirán la fisonomía del sistema de cambio nacional.
Existe una política oficial coordinada entre el Ejecutivo y el socio estratégico mayoritario con los ingresos petroleros, para ir cerrando la brecha entre el dólar oficial del BCV y el promedio paralelo hacia los meses de agosto y septiembre, con el objetivo de mutar hacia un cambio libre.
Hay una fuerte presión e intención por parte de la administración estadounidense de Donald Trump de dolarizar formalmente la economía venezolana en diciembre.
Este escenario implicaría que el Banco Central de Venezuela (BCV) cese sus intervenciones millonarias para estabilizar el signo monetario, redefiniendo sus funciones hacia el control y armonización del sector financiero.
Pendientes
Las expectativas iniciales que apuntaban a un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) cercano al 9 % para este año han sido severamente alteradas por la catástrofe. Actualmente, las proyecciones reales se reajustan a un rango de entre 4 y 5 %, o menos.
El debate interno en el gabinete ministerial se intensifica. Mientras sectores de apertura solicitan la reducción inmediata del encaje legal —actualmente en un restrictivo 72 % para multiplicar el crédito bancario—, facciones ideológicas del pasado temen una fuga de capitales.
Reconstrucción
Ante la devastación, se plantea que la construcción de nuevas soluciones habitacionales e infraestructura no quede en manos exclusivas del Estado, sino que se impulsa a través de la Cámara de la Construcción y el sector privado, apalancados en nuevas políticas de crédito bancario.
Pero, el Ejecutivo no se está apoyando, hasta ahora, en el sector privado para la reconstrucción del país; se quejan Cámaras de la Construcción y otras áreas de productividad del sector privado.
El sostén de la balanza económica actual y las perspectivas de optimismo radican principalmente en la reactivación de la industria petrolera y los acuerdos con corporaciones internacionales para atender la crisis.
Pero este panorama de impulso de la economía debe cambiar con medidas del Ejecutivo que no tienen que ver con las sanciones, que también deben de desaparecer como están, sino decisiones internas de reducir encaje legal para multiplicar el crédito, bajar los impuestos, subir aranceles para impedir importaciones desiguales y renegociar la deuda.
El Autor es analista económico y político, fue ministro de Industria y Comercio, presidente de Cavidea y autor del “Informe Confidencial Foto País” que circula para Venezuela y USA”.
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