Julie de Romero: Padre Bueno
Opinión

Julie de Romero: Padre Bueno

Nosotros también lo necesitamos conocer, porque somos como hijos huérfanos en un mundo donde la paternidad no se entiende y está muy lejos de ser perfecta
8 de julio de 2026
Opinión.- Aunque Dios tiene varios atributos, Él quería que lo conociéramos como Padre, siendo esta la manera más personal e íntima de acercarse a los seres humanos. Así lo enfatizó Jesús cuando dijo oren en privado diciendo “Padre nuestro”. Esto tiene como objetivo acercarse al hombre y fortalecerlo en cada área que como seres humanos necesitamos.

La biblia lo describe como un padre que protege, ama, provee, resguarda, afirma, trabaja y da todo por sus hijos. Jesús habló de él como el Padre bueno, comparándolo con los padres terrenales los cuales son imperfectos e invitándonos a aceptar su amor y paternidad.
 
El padre busca hijos, esto es una gran verdad. La biblia también dice que antes de nacer fuimos predestinados para ser adoptados como hijos de Dios por medio de Jesucristo, no solo esto, sino que también tiene una herencia reservada para ellos, solo por su amor y bondad.

Dios quiere revelarse como un padre, porque el mundo adolece de ellos y son fundamentales para fortalecer los siete anhelos legítimos de todos los seres humanos, los cuales son: aceptación, aprecio, afecto, acceso, atención, afirmación de sentimientos y seguridad. La ausencia de un padre nutritivo ha dejado una estela de hijos perdidos, extraviados, inseguros y confundidos consigo mismos.

Fue tal la intención de Jesús en relación a esta verdad que nos relató “La parábola del hijo pródigo”, la cual se centra en el amor del padre como una referencia al Padre Eterno. La intención era revelar la naturaleza paternal divina del Dios creador que ellos solían conocer. Nosotros también lo necesitamos conocer, porque somos como hijos huérfanos en un mundo donde la paternidad no se entiende y está muy lejos de ser perfecta.

El hijo mayor vivía en la casa del padre, trabajaba en el negocio familiar, era el heredero principal; sin embargo, vemos que su relación con el padre era como la de un obrero con su jefe, no sentía la libertad que tiene un hijo, hablaba de su padre como alguien duro, mezquino, que lo usaba para diferentes tareas pero no complacía sus deseos. Este tipo de hijo puede ser cualquiera de nosotros cuando vemos a Dios como alguien duro, insensible, egoísta, que debemos ganarnos su favor y que si no somos lo suficientemente buenos, no recibiremos nada. Cuando la biblia nos enseña que todo nos fue dado por gracia, por Jesucristo, quien nos dio el derecho legal de ser hijos y herederos de Dios, nos coloca en una relación de amor y compromiso mutuo donde, finalmente, Dios es el garante y quien paga por nuestro aprendizaje como lo hace un buen padre.

El hijo menor se quiso aprovechar de la bondad del padre. Abusó de su privilegio, fue irrespetuoso, deshonró su nombre, rompió todos los principios que le habían sido enseñados, desconoció al padre que lo había formado y se fue muy lejos del amor de su padre. Así también somos nosotros cuando queremos vivir la vida de espaldas a Dios, sin respetarle a él y sus principios, pensando que no lo necesitamos hasta que un día caemos en el cochinero de la vida donde no hay misericordia, ni gracia, ni perdón, ni compasión, ni amor.

Ambos hijos tuvieron su encuentro con el padre que no conocían. El menor llegó arrepentido y el padre lo perdonó, preparó una fiesta para celebrar su regreso, porque Dios no echa fuera a un hijo que se arrepiente, suficiente castigo fue el haber vivido alejado de ese amor. El mayor tuvo un encuentro algo diferente, llegó reclamándole la mala paternidad, pero allí también afloró el amor del padre, quien lo enfocó en sus errores, sus fallas, guiándolo al arrepentimiento de corazón porque también era hijo amado y celebrado por el padre.

Jesús contó esta parábola para que todos conociéramos al “Abba Padre” y aceptáramos su amor que sana, restaura, fortalece y cubre nuestros errores. No hay mayor enseñanza que la gracia que cubre nuestros pecados.
 
No hay un padre más bueno que Dios. Él forma desde el amor, desde el perdón, te acepta, no te rechaza, te ayuda, no te deja solo, te afirma, cree en ti y lo ha dado todo por ti. Salmo 27:20 “Aunque mis padres me abandonen, el Señor se encargará de mí”. El mundo merece conocer a un padre así.

Apóstol Julie de Romero
@juliederomero
@ccn.valencia
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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Julie de Romero