El libro que contenía las actas del Congreso, entre ellas la que declaraba la independencia, se trajo a Valencia cuando la capital fue trasladada a nuestra ciudad en 1812
Opinión.- Todos sabemos que el 5 de julio de 1811 se declaró la independencia de Venezuela, pero, como es costumbre, esta fecha está cargada de mitos, confusiones y curiosidades.
Primero que todo, el suceso es recordado por los venezolanos por dos famosas obras pictóricas de Juan Lovera y Martín Tovar y Tovar, ambas tituladas “Firma del Acta de Independencia”. La primera se encuentra en la Capilla de Santa Rosa de Lima del Palacio Municipal de Caracas y la segunda en el Palacio Federal Legislativo (Asamblea Nacional). Esas pinturas son falsos históricos. Esas escenas nunca ocurrieron así. El 5 de julio no se firmó nada, solamente hubo muchas deliberaciones y, al final, se decidió por mayoría (no por unanimidad) declarar la independencia.
Uno de los oradores más importantes de esos debates, y factor fundamental para que se declarara la independencia, fue el valenciano Miguel Peña.
Luego de tantas deliberaciones y la consecuente decisión, se encargó al diputado doctor Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi, secretario del Congreso, redactar el acta donde se resumía lo discutido, quienes terminaron con la redacción el 7 de julio y, a partir de ese día, comenzaron a firmarla los diputados, quienes terminaron de hacerlo el 18 de agosto.
De las diez provincias que comprendían la Capitanía General de Venezuela, solamente siete enviaron sus diputados y votaron por la independencia: Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo. Por eso las siete estrellas de la bandera. Las provincias de Guayana, Coro y Maracaibo no enviaron diputados y, por lo tanto, no votaron por la independencia, sino que más bien se mantuvieron fieles a la regencia española.
Otro dato interesante es que Simón Bolívar no fue diputado, no intervino en los debates del congreso y no es firmante del Acta de Independencia. No tuvo voz ni voto en las sesiones donde se discutió y aprobó la declaración de independencia. Su papel fue como miembro de la Sociedad Patriótica, que era como una especie de partido político que promovía la independencia.
Cuatro personajes no nacidos en Venezuela firman el acta de independencia: Francisco Isnardi, secretario del Congreso (de Turín, Italia, o, según otras investigaciones, de Cádiz, España), Francisco Javier Yanes, diputado por Araure (de Camaguey, Cuba), José de Sata y Bussy, diputado por Barinas (de Azángaro, Perú) y José María Ramírez Carmona (diputado por la Villa de Aragua de Barcelona, oriundo de Santo Domingo).
La decisión de declarar la independencia no fue unánime: el diputado de La Grita, el sacerdote Manuel Vicente Maya, consideró que la decisión era prematura y no tenía suficientes facultades de sus representados para hacerlo.
El primer nombre que tuvo nuestro país, a raíz de la declaración del 5 de julio, fue “Confederación Americana de Venezuela”. Este fue el primer nombre oficial del país, reconocido en el Acta de la Independencia y se mantuvo hasta el 21 de diciembre de 1811, cuando la Constitución de ese año oficializó el cambio a Estados de Venezuela.
El 5 de julio fue un evento de naturaleza política y civil. Allí los militares no tuvieron nada que ver. Fue el resultado de un debate jurídico sobre si el “contrato” de fidelidad con el Rey Fernando VII (quien estaba cautivo) seguía vigente o si, ante la ausencia del monarca, la soberanía regresaba al pueblo. La tesis del abogado Juan Germán Roscio fue fundamental: “caído lo principal, cae lo accesorio”, argumentando que, sin Rey, el juramento de fidelidad quedaba anulado.
El libro que contenía las actas del Congreso, entre ellas la que declaraba la independencia, se trajo a Valencia cuando la capital fue trasladada a nuestra ciudad en 1812. Cuando cayó la república, el libro fue escondido y estuvo desaparecido por casi cien años. En 1907 fue hallado en nuestra ciudad, donde había sido celosamente custodiado por las Zavaleta, patricias valencianas y heroínas de la independencia, gracias a quienes se conservó tan importante documento de nuestra historia.