No dejo de asombrarme por todo lo que nuestra generación ha tenido que vivir, algunas cosas como fenómenos sociales y otras naturales. Es muy fácil cuestionar todo, más cuando la incertidumbre nos asecha después de un evento
Opinión.- Aquí estoy, como todos los martes hasta que Dios lo permita.
No dejo de asombrarme por todo lo que nuestra generación ha tenido que vivir, algunas cosas como fenómenos sociales y otras naturales. Es muy fácil cuestionar todo, más cuando la incertidumbre nos asecha después de un evento como el terremoto que acabamos de vivir los venezolanos. Ante todo, doy mis condolencias a quienes hayan sufrido la pérdida de un ser querido, o a quienes materialmente les toque comenzar de nuevo.
Si estás vivo, es solo porque Dios así lo quiso. Aquí tomo extractos de las palabras del Obispo de la Diócesis de los Teques, Monseñor Alberto Valentín Castillo García. “A menudo nos han hecho creer que los desastres naturales son un castigo de Dios, pero la Biblia nos dice todo lo contrario: Reyes 19.
El profeta Elías descubrió que Dios no estaba en el viento violento ni en el terremoto, sino en el viento suave que viene después. Él mismo aclaró, en Juan 9, que la tragedia no ocurre por culpa del pecado de nadie. Dios es amor, no destrucción.
Él está a nuestro lado: Dios no causa el desastre, pero es el primero en bajar al barro a sostenernos. Está en las manos de los que ayudan y en el abrazo que consuela.
Todo lo contrario: Dios está con nosotros en el dolor. Entonces, si Dios no está en el terremoto causando el daño, ¿dónde está cuando la tierra tiembla?
Dios está en las manos de los rescatistas que sacan personas de los escombros, en la sociedad civil que manifestó solidaridad, en las personas con discapacidad que oraron, y en quienes cocinaron o cuidaron a los suyos, como un pastor que protege su rebaño.
Dios está en las lágrimas del que consuela al que lo perdió todo.
Dios está sufriendo con nosotros.
El profeta Isaías nos dejó una de las promesas más hermosas en Isaías 43:2: “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”.
Noten que Dios no promete que no pasaremos por inundaciones, fuegos o terremotos.
Vivimos en un mundo vulnerable. Lo que Dios promete es algo mucho más grande: “Yo estaré contigo”. Él no nos mira desde la distancia del cielo con indiferencia; Él baja al barro, al polvo y a las ruinas para levantarnos. Nuestro Dios es un Dios encarnado, el “Emmanuel”, que significa Dios con nosotros.
Sigamos unidos en la fe y en la caridad. Dios les bendiga.
Gracias a Dios porque, si estás leyendo este artículo estás vivo… No tengo más que escribir.