P de Periodistas, aquí no solo trabajamos, le echamos pichón
Opinión

P de Periodistas, aquí no solo trabajamos, le echamos pichón

En las últimas horas, la redacción ha sido un campo de batalla. Nuestras jornadas se han estirado hasta lo imposible, navegando entre la vulnerabilidad de un país que se sacude y el rigor implacable de nuestro cierre nocturno
27 de junio de 2026
Opinión.- En nuestra redacción, donde somos casi una veintena navegando el mismo barco, este Día del Periodista no se celebra con medallas ni reflectores. Mientras Venezuela se estremece bajo la incertidumbre de una tierra que ha decidido moverse, nosotros convertimos el epicentro de la crisis en nuestra trinchera. No buscamos ser protagonistas; nuestro oficio es terrenal, a veces invisible, y hoy más que nunca, profundamente urgente. Preferimos ser el puente entre el caos y la gente, el sonido rítmico de los teclados contra el siseo del miedo, antes que el ego frente a una cámara. Somos una tribu que ha aprendido a convertir el sismo, el café frío y las sombras de nuestra "fantasmita" en un estilo de vida.

​Confieso que, aunque el oficio me exige aplomo, hay algo en el crujir de las paredes que me paraliza. Cuando la tierra decide recordarnos que es la dueña del terreno, mi pavor se vuelve tangible y visible: mis dedos se quedan anclados al teclado, no por valentía, sino porque es lo único que me mantiene atada a la realidad mientras el mundo parece deshacerse. Es un miedo eléctrico, casi primario, que me hace cuestionar si las palabras que escribo podrán sostenerse cuando el techo baila. Sin embargo, en ese segundo de vértigo, el instinto de redactar gana la batalla a mis piernas que tiemblan; transformo mi propio pánico en una línea más, convencida de que escribir es, después de todo, la única forma que tengo de no salir corriendo.

​En las últimas horas, la redacción ha sido un campo de batalla. Nuestras jornadas se han estirado hasta lo imposible, navegando entre la vulnerabilidad de un país que se sacude y el rigor implacable de nuestro cierre nocturno. Cuando el suelo retumba, cuando la tecnología colapsa bajo la fuerza del movimiento telúrico, no hay pausa: rescatamos el Wi-Fi de las grietas, convertimos los teléfonos en antenas de resistencia y terminamos la nota en la penumbra, coordinándonos por señas y por el instinto de mantener a la gente informada. La adrenalina de ganarle al reloj se ha fusionado con la urgencia de la supervivencia. Así somos: transformamos el colapso en una historia que contar, porque es en el fragor de la noticia donde demostramos de qué estamos hechos.

​Mi glosario para un día especial que nos mueve el piso:

​P de "¡Pendiente!": El grito de guerra que retumba en los pasillos cuando la tierra decide probar nuestro temple. Es la alerta de que la primicia está viva, de que el suelo vuelve a vibrar o de que la infraestructura cremos que cederá justo cuando el texto está a punto de salir.

​E de Editores y… ¡Espantos!: Aquí la jerarquía se difumina en el pánico compartido. Si no es nuestra subdirectora voceando "¿está lista la diez?", son las correctoras atrincheradas contra el caos, o "La Niña", nuestra fantasmita, que parece disfrutar más de este vaivén que nosotros. Entre corregir y escribir, nuestra capacidad de reacción es nuestra única armadura.

​R de Redacción: Nuestro búnker. El lugar donde veinte personalidades distintas comparten el pulso acelerado, la angustia por los nuestros y la convicción férrea de que, aunque el edificio se mueva, el motor sigue funcionando.

Q de Quincena: Ese espejismo económico que se desvanece más rápido de lo que un sismo recorre la falla, recordándonos que nuestra mayor lucha no es solo contra la noticia, sino contra la realidad que nos toca vivir.

​E de Equipo: El engranaje que mantiene al país conectado. Para que hoy este ABCDiario llegue a tus manos, ha sido necesaria la voluntad inquebrantable de todos.

Primero, los colegas periodistas: Vanesa, Aron, Andrea, Anicar, María, Juan Pablo, Gabriel Gómez, Gabriel Urdaneta, Alecia, Luisana, Kariangel, Adriana y Aymaris; ellos son el pulso y la voz de la calle.

​Pero ese relato sería un borrador sin el motor silencioso de nuestra gente de producción, diagramación, corrección y sistemas: Velasquez y su equipo, Carolina, Juan Francisco, Iris Virginia, Ana, Jorge y Frank. Ellos son quienes, en medio del temblor, aseguran que la estructura técnica no colapse, transformando el caos en el orden que ustedes leen. No solo producen contenidos; sostienen una comunidad.

​Nota especial para el capitán

​A nuestro jefe, ese caraqueño que no le teme ni a la "jodedera" ni a la magnitud de los problemas: gracias por ser el filtro que absorbe el ruido de veinte cabezas y lo convierte en Dirección. Gracias por mantener la risa fácil incluso cuando el piso se mueve, y por recordarnos, entre versos y canciones, que el periodismo no es solo informar: es resistir con alegría.

​Porque al final de la jornada, aunque el país tiemble, nuestro ingenio sigue siendo de talla mundial. Apaga esa computadora, lánzate un chiste para espantar el miedo y vete a casa con la frente en alto: mañana, pase lo que pase, volvemos a la carga.

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¡Feliz día, periodistas! A pesar de...


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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE nohilia Oliveti