Linda D’Ambrosio: La Cantata Criolla en Madrid
Opinión

Linda D’Ambrosio: La Cantata Criolla en Madrid

La presencia de los coralistas de la Universidad Simón Bolívar representa la continuidad de una tradición que ha convertido al canto coral venezolano en referencia internacional
10 de junio de 2026
Opinión.- Hay acontecimientos musicales que trascienden la programación de un concierto para convertirse en actos de memoria colectiva. La presentación de la Cantata Criolla de Antonio Estévez, en Madrid, el próximo 12 de junio en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional, es uno de ellos.

No se trata únicamente de la interpretación de una de las obras cumbres de la música latinoamericana del siglo XX. Se trata también de la llegada a España de una tradición artística que, durante décadas, ha proyectado el nombre de Venezuela en los escenarios más prestigiosos del mundo: el movimiento coral venezolano.

Inspirada en el inmortal poema Florentino y el Diablo, de Alberto Arvelo Torrealba, la Cantata Criolla es mucho más que una partitura. Es una síntesis de la identidad venezolana, un encuentro entre la tradición popular y el lenguaje sinfónico universal. Desde su estreno en 1954, la obra de Antonio Estévez ha ocupado un lugar privilegiado en el repertorio coral latinoamericano por la fuerza de su narrativa, la riqueza de sus ritmos y la profundidad de su contenido simbólico. En ella se enfrentan el hombre y el destino, la fe y la tentación, la palabra y el misterio. Su vigencia permanece intacta.

La interpretación madrileña reunirá a la Orquesta Sinfónica de la Florida International University, dirigida por Javier Mendoza, junto a los coralistas de la Universidad Simón Bolívar y el coro de la Universidad Autónoma de Madrid, en un programa dedicado a la riqueza de la música sinfónica latinoamericana. Participarán, además, destacados solistas venezolanos, entre ellos Aquiles Machado y Juan Tomás Martínez.

Pero esta cita posee una dimensión adicional. La presencia de los coralistas de la Universidad Simón Bolívar representa la continuidad de una tradición que ha convertido al canto coral venezolano en referencia internacional. Durante más de cinco décadas, generaciones de jóvenes formados en la Universidad Simón Bolívar han construido una extraordinaria comunidad artística que hoy se extiende por numerosos países. Madrid será, durante unos días, punto de encuentro de esa diáspora coral que sigue encontrando en la música una forma de pertenencia.

Resulta imposible hablar de esta historia sin mencionar a Alberto Grau. Compositor, director, pedagogo y creador de una visión coral profundamente humanista, Grau es una de las figuras esenciales de la cultura venezolana contemporánea. Su influencia trasciende las partituras. Está presente en la formación de generaciones de directores, en la creación de agrupaciones emblemáticas y en una concepción del canto coral como espacio de encuentro, inclusión y ciudadanía.

Por ello adquiere especial significado que este reencuentro internacional “Seguimos Cantando Juntos” culmine con el preestreno del documental Alberto Grau: La forja coral de Venezuela, previsto para el 14 de junio en Madrid. La película promete convertirse en un valioso testimonio sobre una de las experiencias culturales más relevantes de la historia reciente del país. No solo narra la trayectoria de un maestro excepcional; también reconstruye el surgimiento de un movimiento coral que transformó la educación musical venezolana y proyectó una imagen de excelencia artística reconocida internacionalmente.

Quienes conocen de cerca la obra de Grau saben que hablar de él es hablar de miles de voces. Voces que han encontrado en el canto coral una escuela de disciplina, sensibilidad y convivencia. Voces que hoy resuenan en América, Europa y otros continentes gracias a la labor de quienes entendieron la música como una herramienta de construcción humana.

La Cantata Criolla en Madrid y el próximo estreno de Alberto Grau: La forja coral de Venezuela forman parte de una misma historia. La de un país que, a través de su música, continúa dialogando con el mundo. La de una tradición coral que sigue viva porque sus protagonistas continúan cantando, enseñando y construyendo comunidad. Y la de una Venezuela que, incluso lejos de sus fronteras, encuentra en la música una manera de reconocerse y celebrarse.

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VÍA Equipo de Redacción Notitarde
FUENTE Linda D´Ambrosio